Miércoles 28 de Abril de 2004

Bill, sos boleta

Kill Bill volumen 1
USA, 2003, 111 min, dirigida por Quentin Tarantino, con Uma Thurman, Lucy Liu, Vivica A. Fox. Puntaje: 9 de 10

Kill Bill volumen 2
USA, 2004, 136 min, dirigida por Quentin Tarantino, con Uma Thurman, David Carradine, Daryl Hannah, Michael Madsen. Puntaje: 4 de 10

Mis empanadas favoritas son las de carne cortada a cuchillo. Ahora resulta que una de mis películas favoritas de los últimos años también viene rellena de lo mismo. Valga la advertencia, esta es una película ¨que puede afectar la sensibilidad del espectador¨ (¿pero no es para eso que uno va a ver películas?): hay hectolitros de sangre, decenas de miembros cercenados y sadismo en incómodas cuotas. También hay mucho cine, reducido a sus aminoácidos esenciales: imágenes, cámara, música. El resto - la historia, los personajes, las emociones - no existe. Y por eso sorprende que la película funcione tan bien: son 2 horas que parecen 20 minutos y que te dejan con ganas de más.

Y lamentablemente hay más: el volumen 2 se empecina en rellenar todos los agujeros, como si hiciera falta. Los chorros de diálogo reemplazan los chorros de sangre, y el pogo de la primera película se convierte en un vals berreta. El mamarracho hace agua hasta en lugares insospechables: ¿cómo puede ser que Tarantino, famoso por el filo de sus diálogos, se engolosine en esa perorata idiota acerca de Superman, los superhéroes y sus identidades falsas? ¿por qué ese final tan anticlimático y atropellado? ¿por qué situar la única escena de acción dentro de un trailer, dónde se adivina a los personajes peleando, pero no se los ve?

No alcanzan los guiños simpáticos al espectador (David Carradine aparece por primera vez en pantalla tocando la flauta a lo Kung Fu), ni los trucos de salón (el cambio de formato cinemascope a 4x3 para generar sensación de claustrofobia), ni las excelentes actuaciones de Carradine o Hannah; lo que sobrevive es la sensación de que el volumen 1 se merecía otro volumen 2.

Xtian, a las 28 de Abril de 2004 a las 3:25 AM | Enlace permanente | Comentarios (5) | TrackBack

Lunes 26 de Abril de 2004

El punto

[Un post viejo, publicado originalmente en noviembre de 2003]

La maestra del primario me explicó que el punto termina oraciones. Que debe colocarse sólo cuando el enunciado ha alcanzado sentido completo. Que existen tres tipos de puntos: el punto seguido (que separa oraciones del mismo párrafo), el punto y aparte (que termina un párrafo) y el punto final (que termina un texto). Y que el punto es la más extensa pausa sintáctica del idioma español.

La gramática no dice nada más. Y sin embargo el punto es seguramente el signo de puntuación más importante ya que cumple dos funciones cruciales: a. fracciona el significado total del texto en porciones digestibles y b. sugiere el ritmo global del texto (el ritmo se completa con el ritmo interno de las oraciones, puntuadas con los demás signos de puntuación).

Fraccionar el texto en unidades menores, partir el postre en porciones, digamos, es necesario porque las personas sólo pueden mantener "activas" en su cerebro un número limitado de ideas. Cuando el lector alcanza el punto que cierra una oración, poda mentalmente todas las ramas gramaticales que se habían abierto, condensa su significado y ya está listo para la próxima oración, para la próxima cucharada. Y si el escritor carga demasiado la cuchara es el lector el que se atraganta, tose molesto y corre a buscar su vasito con Uvasal.

De este razonamiento se desprende una regla básica: (la mayoría de las veces) las oraciones cortas son preferibles a las extensas. Cuánto más larga es la oración mayor es la probabilidad de que el sujeto y el verbo se distancien (lo que contribuye a la sensación de "¿de qué era que me estaba hablando?" y la necesidad de releer la oración) o de que el cometido principal del enunciado se pierda entre tantos zigzags (por ejemplo esta misma oración). Si esta regla se aplicara con más frecuencia la mayoría de los textos se harían más legibles. En computación (y en el arte de la guerra) existe una regla llamada "divide y conquistarás", esa misma regla se puede aplicar en la edición de textos: muchas veces alcanza con dividir una oración chirle en dos o tres para que el párrafo recupere su consistencia.

Por ejemplo, este párrafo (extraído de Otra vuelta de tuerca) está lleno de grumos:

"Esperaron juntos la llegada de la nodriza con la supuesta esclava cargando el canasto como hacía todos los lunes muy temprano y cuando el harén real dormía cansados de las fiestas de los Domingos a la noche. Aparecieron silenciosamente, la nodriza se acercó a la habitación de Bedoya y fueron juntos al jardín, donde entraron al laberinto buscando seguramente un lugar seguro para reunirse en amor."

Dos oraciones extensas, de 37 y 29 palabras, coordinadas pobremente y con demasiados flancos débiles. La primer oración compila demasiada información: que los amantes esperan juntos, que la nodriza hace los recorridos los lunes temprano, que está acompañada de una esclava, que esa esclava puede ser una impostora, y que en el harén la pasan bomba los domingos a la noche (¡Feliz domingo para la juventud!). La segunda oración, que debería darnos un descanso luego de tanto jadeo (especialmente si también tuvimos un feliz domingo), continúa apilando canastos e ideas inconexas: la nodriza y la esclava aparecen silenciosamente, supongo que "aparecen" significa que se presentan donde están los que "esperaron juntos" en la oración anterior; la nodriza sola se acerca a la habitación de Bedoya (¿y la esclava que hace mientras?); ¿los que fueron juntos al jardín quiénes son? ¿La nodriza va o no? ¿Y los que esperaron juntos en la oración anterior donde fueron? ¿Y Bedoya? ¿Y Magoya?

De más está decir que para cuando llega el momento de meterse en el laberinto perdí la cuenta de cuántas personas se "reúnen en amor". Y me ronda la pregunta: ¿Dónde quedó el canasto?

Así que déjenme que me meta en esta jungla con el machete. Partiendo oraciones, reordenando un poco y con algunos otros pequeños retoques:

"El harén real dormía luego de las orgías del domingo a la noche. Alí y Jashir esperaron impacientes la llegada de la nodriza y su esclava. Sonaron los 4 golpes convenidos en la puerta y Alí la abrió para encontrarse con las dos mujeres que depositaban el canasto en el umbral. Alí les sonrió, les agradeció con una reverencia y las vio desaparecer silenciosamente entre las columnas de la galería. Los dos jóvenes acercaron una vela para descubrir el contenido del canasto: un pan de haschís, sogas y un falo tallado en marfil. Se apresuraron, llenaros sus alforjas y sigilosamente cruzaron el corredor, las galerías y finalmente el sendero que daba al jardín. Jashir señaló la entrada del laberinto y sonrió: pronto serían libres. En pocos minutos habían encontrado el lugar convenido, que la nodriza había marcado con una gran cruz de tiza azul en el muro. Extendieron un tapiz sobre el césped húmedo: Jashir se recostó boca arriba y observó cómo las nubes cruzaban velozmente el cielo, como una jauría de perros enloquecidos. Mientras, Alí vaciaba las alforjas: sobre el tapiz yacían ya desparramados el haschís, el falo y una botella de licor. Jashir se dejaba invadir por el sopor de las nubes en caravana otra vez, aunque había cambiado de opinión: no se trataba de perros, sino de caballos desbocados, indomables. Sintió de pronto los labios secos y la urgencia de beber licor o de besar a Alí. Las nubes se abrieron y la luz lechosa de la luna lo cegó un instante. Cuando abrió los ojos apenas alcanzó a ver el brillo metálico en el puño de su amante".

Bueno, al final terminé en una versión arábiga y porno soft de "La noche boca arriba" de Cortázar. Perdón.

En este párrafo las oraciones rondan las 15 palabras, aunque hay algunas más extensas (aunque de estructura muy sencilla: enumeraciones, secuencias enlazadas con conectivos y con distancia mínima entre sujeto y verbo). El párrafo ha ganado claridad aunque no es perfecto, las referencias "Alí hizo esto", "Jashir hizo aquello" se hacen excesivas en las últimas oraciones, sólo para dar un ejemplo.

Y también fui injusto con Atitar, ese párrafo es mucho más legible cuando se lee en contexto. Y supongo que la intención estilística original fue escribir con olor a "Las mil y una noches": las oraciones expansivas y la gramática perezosa de los mitos.

Pero volviendo a nuestra regla básica: lo breve es preferible a lo extenso, dos oraciones breves suelen ser más claras que una que las fusione. Todo muy bien, excepto que un texto no es solo contenido, también es rítmica y melodía. Y hay un límite en lo que las oraciones cortas y de estructura sencilla pueden lograr. Por ejemplo:

"El mar no se movía. Bajaron del buque una lancha. Tardaron casi una hora en hacer funcionar el motor. Desembarcó en la isla un marino vestido de oficial o de capitán. Los demás volvieron al buque."

En este párrafo (extraído de La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares), el único signo de puntuación es el punto y las oraciones son cortísimas (3 de las 5 oraciones del párrafo tienen 5 palabras). Bioy se podía permitir estos lujos porque era Bioy, y aún así se permite el lujo sólo por poco tiempo: en el siguiente párrafo las oraciones recuperan longitud y sofisticación. (Y ya que estoy comento: se me hace muy arduo leer a Bioy por su fanatismo exagerado por la oración mínima, sus textos terminan martillándome la cabeza como una lluvia de gotas anchas. Sus ficciones son fascinantes pero siempre me dio la impresión de que podrían estar mejor ejecutadas. Es mi modestisísima opinión, que quizás contradiga la de Borges - aunque quizás no: en su famosa cita Borges acerca de "La invención..." habla de una trama pefecta, no de una prosa perfecta). El encadenamiento de oraciones de este tipo convierte el texto en la lista de compras para el super, maximizando claridad pero destruyendo la textura de lo escrito.

El lector busca argumento, significado (costado derecho del cerebro si se cree en esas teologías) pero también sentimiento, tacto, el pulso de una voz (costado izquierdo). Y esa tensión es literatura. Conviene entonces que ilustre con ejemplos cómo distintos autores juegan con el punto y la extensión de las oraciones.

Marguerite Duras en "El amante" usa oraciones cortas, que funcionan como baldazos de agua tibia:

"Entre los dieciocho y veinticinco años mi rostro emprendió un camino imprevisto. Ese envejecimiento fue brutal. Ví como se apoderaba de mis rasgos uno a uno... He conservado aquel rostro nuevo. Ha sido mi rostro. Ha envejecido más por supuesto, pero relativamente menos de lo que hubiera debido. Tengo un rostro lacerado por arrugas secas, la piel resquebrajada. No se ha deshecho... ha conservado los mismos contornos pero la materia está destruida. Tengo un rostro destruido..."

Paul Bowles, mezcla oraciones largas y cortas en "El cielo protector":

"Esa noche se despertó sollozando. Su ser era un pozo de mil metros de profundidad; subía de las regiones inferiores con una sensación de infinita tristeza y de descanso, pero no recordaba ningún sueño, como no fuera la voz sin cara que le había recordado: 'El alma es la parte más cansada del cuerpo.' La noche era silenciosa, salvo un vientecito que soplaba a través de la higuera y movía los aros de alambre colgados de las ramas. Se rozaban al balancearse, chirriando apenas. Escuchó un rato y se quedó dormido".

Y el ejemplo final: Cortázar contradice todo lo que acabo de decir con su gigantesca oración al comienzo de La autopista del sur:

"Al principio la muchacha del Dauphine había insistido en llevar la cuenta del tiempo, aunque al ingeniero del Peugeot 404 le daba ya lo mismo. Cualquiera podía mirar su reloj pero era como si ese tiempo atado a la muñeca derecha o el bip bip de la radio midieran otra cosa, fuera el tiempo de los que no han hecho la estupidez de querer regresar a París por la autopista del sur un domingo de tarde y, apenas salidos de Fontainbleau, han tenido que ponerse al paso, detenerse, seis filas a cada lado (ya se sabe que los domingos la autopista está íntegramente reservada a los que regresan a la capital), poner en marcha el motor, avanzar tres metros, detenerse, charlar con las dos monjas del 2HP a la derecha, con la muchacha del Dauphine a la izquierda, mirar por retrovisor al hombre pálido que conduce un Caravelle, envidiar irónicamente la felicidad avícola del matrimonio del Peugeot 203 (detrás del Dauphine de la muchacha) que juega con su niñita y hace bromas y come queso, o sufrir de a ratos los desbordes exasperados de los dos jovencitos del Simca que precede al Peugeot 404, y hasta bajarse en los altos y explorar sin alejarse mucho (porque nunca se sabe en qué momento los autos de más adelante reanudarán la marcha y habrá que correr para que los de atrás no inicien la guerra de las bocinas y los insultos), y así llegar a la altura de un Taunus delante del Dauphine de la muchacha que mira a cada momento la hora, y cambiar unas frases descorazonadas o burlonas con los hombres que viajan con el niño rubio cuya inmensa diversión en esas precisas circunstancias consiste en hacer correr libremente su autito de juguete sobre los asientos y el reborde posterior del Taunus, o atreverse y avanzar todavía un poco más, puesto que no parece que los autos de adelante vayan a reanudar la marcha, y contemplar con alguna lástima al matrimonio de ancianos en el ID Citroën que parece una gigantesca bañadera violeta donde sobrenadan los dos viejitos, él descansando los antebrazos en el volante con un aire de paciente fatiga, ella mordisqueando una manzana con más aplicación que ganas."

Nosotros, los mortales, estamos la mayoría de las veces confinados a terrenos menos anegadizos...

En conclusión, el lector (especialmente si lee online, pero también cuando lee en salas de espera, trenes, etc. o casi siempre, bah) es un pajarito impaciente, pronto a saltar a otra rama si percibe que estamos siendo torpes o desconsiderados. Acumular oraciones largas y sinuosas es invitar problemas.

La opción: escribí oraciones cristalinas y cortas o sé un genio (como Cortazar). Tres oraciones breves bien coordinadas son preferibles a un mastodonte lleno de tentáculos (salvo que el mastodonte este bajo tu férreo control). Divide y conquistarás (al lector) aunque respetando tu voz. Editá tu texto (es decir tachá, reescribí) para que gane claridad sabiendo que eso no significa apuñalar el cuerpo vivo de lo que escribiste. Podés ganar simplicidad sin sacrificar melodía y color. Y si te sentís con cancha como para explorar las idas y vueltas de las oraciones ciempiés, los remolinos sulfurosos de largas oraciones incadescentes, dale nomás: tus lectores apreciarán tu temeridad si los agarrás fuerte de la mano y los guiás.

Eso sí, que no te tiemble el pulso.

Xtian, a las 26 de Abril de 2004 a las 11:33 AM | Enlace permanente | Comentarios (11) | TrackBack

Jueves 22 de Abril de 2004

Weblog Magazine

Al ver el formato PDF me puse contento, ¡por fin algo con olor a blog que puedo leer en el tren! El problema vino cuando intenté imprimir... en blanco y negro las páginas se ven oscuras; ni hablar de los 8 bidones de tinta que se consumieron en su impresión. No entendí: si la idea era armar una revista que se pueda leer lejos de los rayos catódicos del monitor, ¿no sería práctico ofrecer una versión imprimible en blanco y negro? Está claro que Weblog Magazine no es Wired, y, salvo para su lectura en la pantalla, no se justifica el despliegue flúo.


Pero hablemos del contenido. La revista, creada por Antonio Cambronero, se abre con 4 entrevistas, a 4 conocidos creadores de portales blogger: Roberto Abizanda, Antonio Delgado, Victor Ruíz y José Luis Perdomo. Lo primero que me intriga es el diseño de la entrevista: una mezcla de preguntas cliché y tibios intentos de frivolidad. Los clichés: ¨¿Qué es un blog?, ¨¿Hacia dónde va la blogósfera hispana?¨, ¨¿Windows, Mac o Linux?¨ ¨¿Diseño o contenido?¨. La frivolidad: ¨¿Blade Runner o Matrix?¨, ¨¿Dance-music o rock and roll?¨, ¨¿Coronita o Mahou?¨. Se entiende cuál fue la idea, descontracturar una charla acalambrada de bytes y html, pero la secuencia de preguntas es insólita e incoherente. Y ya que estamos, ¿hacía falta dedicarle DOS preguntas al ¨fenómeno¨ Borjamari? (Espero que ¨fenómeno¨ haya querido decir ¨gran éxito¨ no ¨freak¨, pobre santo). Y por último una pregunta para Antonio Delgado: Antonio, ¿en serio te llevarías el blog barrapunto a una isla desierta? ¿Para qué llevarte un blog que habla de la Internet y la blogósfera cuando dormís en una cueva, te bañás en un arroyo y prendés el fuego con dos ramitas?

El artículo de Palazón no dice mucho. O mejor dicho dice esto: conseguí laburo gracias a mi blog. Felicitaciones, enhorabuena.

El artículo que sigue, de Gemma Ferreres, es una incógnita: pareciera que en un error de edición cortaron la segunda mitad del artículo o que la autora sufrió un síncope súbito en medio de su redacción. Y es una lástima, porque el relato de los primeros días de la blogósfera hispana prometía. Que alguien mande una ambulancia por las dudas.

Sigue José Luis Orihuela, y conviene tener un almohadoncito mullidito en el que sentarse: dos páginas lentísimas, reumáticas. Cada vez que escucho hablar de Orihuela aparece la misma frase ¨uno de los más respetados¨. Y debe ser eso, nomás: el respeto que inspira el bronce. Uno lo escucha hablar como si escuchara a algún pariente lejano, cubierto de medallas y condecoraciones: intentando no cabecear de sueño durante su discurso perpetuo. El artículo está inundado de cionismo (consolidación, sindicación, información, dirección, revisión, expansión, desconexión, versión, colaboración, investigación, gestión) y giros idiomáticos muertos y tecnicalosos: ¨han puesto de relieve la importancia informativa¨, ¨una práctica de creciente relevancia¨. Como muestra, aqúi va un botón:

¨La gestión eficiente de la información en el seno de las organizaciones se ha convertido en una prioridad estratégica de las empresas en el marco de una economía basada en la innovación.¨

Zzzzzzz. Arriba Xtian, arriba Xtian, pasan los soldados, o no mamá, o no mamá, ya estoy levantado…

Que alguien le avise a Orihuela: académico no tiene que significar soporífero, convertir todos sus verbos en sustantivos cionados vacía su prosa de músculo y la vuelve todavía más ósea, algunas palabras (¨gestionar¨, ¨personalización¨, ¨estratégica¨) son peligrosísimas, la mitad de las veces no significan nada, la otra mitad sólo demuestran que el autor las sacó del estante de frases cromadas y las usa porque se niega a pensar con su propia cabecita.

El artículo de Joaquín Bernal es una bocanada de aire caliente, luego del frío polar de Orihuela. Joaquín parece apuntar en la dirección correcta: explorar los límites del blog (el corsé – la palabra es de él – de la cronología, la brevedad de las anotaciones, etc) en vez de celebrar la ¨madurez del fenómeno blog¨. En vez de jugar el juego de las sillas de ¨quienes son los 100 blogs más enlazados de la blogósfera hispana¨ arma la ronda por afuera, con los borrachines que tropiezan entre las sillas plegables.

Y a continuación de Joaquín viene Taufpate, o quizás convenga llamarlo ¨Taufpate en el cielo con diamantes¨ o ¨el lado oscuro de la luna de Taufpate¨, así de psicodélico resultó su post. Se pregunta quién es, y luego del típico desconcierto del de donde vengo y adonde voy, se termina respondiendo… ¿qué se termina respondiendo? No sé sabe, no contesta, ninguna de las anteriores. Lo que escribe es tan delirante, new age y ridículo que me dieron ganas de leer el artículo de atrás para adelante y ver si incluye algún mensaje satánico cifrado.

Volvemos a la tierra con Sebastián Delmont y un simpático artículo acerca del exilio y su relación con la escritura (y los blogs). Sebastián no se toma demasiado en serio y por eso su artículo se lee con deleite.

Pero el deleite fue sólo momentáneo, ya que lo que sigue es el artículo más insoportable de la revista. Mini-d comienza con un ¨Acerca del autor¨ que supera todos los límites de lo intragable.

((Antes de seguir: no tengo nada personal contra Diego, que me parece un tipo simpático, lleno de entusiasmo y curiosidad, pero no puedo entender su pedantería alienígena y que su colección de acólitos no le avise de vez en cuando que se pasa de la raya)).

Diego: yo también uso la net desde el 96, tengo una computadora desde 1988, etc etc. Y, aunque tener 58.000 lectores mensuales es un gran mérito, no es el premio Nobel, es un blog, papá, no el Ulises de Joyce. Dejá que los demás te tiren flores, vos usá tu jardín para otras cosas. Y tu opinión es válida si lo que decís tiene sentido, no necesitás explicarle a nadie que lo que decís viene del ¨conocimiento de las causas y por la continúa práctica¨ que llevás.

Luego de semejante exhibición de credenciales, Mini-d se despacha con un artículo de 8 (¡!) páginas. Lo que dice se resume en un par de oraciones: Los blogs ayudan a expresarse a las personas en Internet. Los blogs tienen artículos variados porque los que lo escriben tiene intereses variopintos. Es legítimo que el autor de un weblog edite o borre los comentarios (si juzga que esos comentarios ¨contaminan¨ la conversación). Y los siguientes consejos: escribir periódicamente, escribir cosas interesantes, con humor, ser honesto y transparente, y que el formato no sea un obstáculo para la transmisión del contenido. Mini-d dice eso, pero con 8 páginas de una prosa espiralada y minada de errores ortográficos (un corrector ortográfico ahí).

Awacate lamenta que la blogósfera esté llena de envidias y rivalidades, y hace un llamamiento: hagamos las paces, sentémonos todos alrededor del fogón, con la guitarra y sanseacabó. Con lo lindo que es escribir un blog, con lo fácil y divertido que és… entona Awacate. Y el coro responde: yeah yeah yeah, give blogs a chance, war is over, we wish you a merry Christmas and happy new year.

Eduardo Arcos aporta el típico artículo celebratorio: y dale con Pernía, acá está el fenómeno blog y acá está el por qué del boom blogger. La nota atrasa dos años, por lo menos, y me lleva a preguntarme: ¿cuánto tiempo más vamos a gastar preguntando y respondiendo las mismas preguntas? ¿Y cuánto tiempo respondiendo las mismas obviedades?

Raúl Ramirez cierra la revista con una nota sobre diseño y blogs. Aporta algunos datos interesantes, aunque su prosa se vuelve críptica sin necesidad: ¨A menudo gana la forma que es antepuesta a la función final de un producto y se obtienen objetos elaborados que son consideradas (sic) piezas de arte¨. (¿?) Traducción: a veces un exprimidor es tan placentero a la vista que termina en el estante de los adornos y lejos de los limones.

Weblog Magazine es un experimento interesante, intentar traspasar la frescura de los blogs a un nuevo formato. La revista se beneficiaría si algunas notas cubrieran un espectro más amplio: notas más personales y menos ¨académicas¨ y pedagógicas. El espectro también debería ampliarse en otros dos aspectos: tamaño (notas cortitas, pequeños apuntes, junto con notas más extensas) y opinión (todos parecen ser queridos amigos, colegas, compañeros de equipo: no hay controversia, no hay debate, sólo un tono monocorde de admiración mutua y recato).

Uno de esos acuerdos unánimes llama la atención: todos los participantes de este número 0 se encargan de dictaminar que en los blogs lo crucial es el contenido, no el formato. No deja de ser irónico, entonces, que la revista acelere a velocidades supersónicas en sentido contrario.

Otras opiniones

A Fabrizio Benedetti la revista le gustó más que a mí. A Sam Regis le parece demasiado chata. Y a Borjamari le pareció, también, todo muy inodoro, incoloro e insípido.

Xtian, a las 22 de Abril de 2004 a las 2:23 PM | Enlace permanente | Comentarios (6) | TrackBack

Miércoles 21 de Abril de 2004

Punto de largada

Puto y aparte, mi otro blog, tiene ya casi dos - accidentados - años de vida. A los tropezones y aún en andador, ha desarrollado, a mi pesar, su propia personalidad: caprichoso, parlanchín, exhibicionista. Los posts son extensos y esquivan la cronología, el tono es íntimo, los temas, un sólo tema: mi vida. Por eso, cuando surgen otras urgencias - guardar el link a un artículo que me interesó, reseñar un paper de computación, criticar una película, iniciar un debate sobre la blogósfera – me enfrento a un intríngulis: escribir un post en Puto y aparte o registrar el dato de alguna otra manera. La encrucijada termina resolviéndose así: me mando un email a mí mismo con un link, un párrafo o un dato. El resto de la historia es por todos conocida: el email termina sumergido en el pantano de spam, emails de laburo y demás camalotes.

De ahí surgió la idea de este blog, que por ahora se define por negación: lo que no entra en Puto y aparte, entra acá. Quizás, quién te dice, el purrete se larga a caminar con sus propias piernitas, termina exigiendo independencia y negándose a vivir de la papilla tibia que se resiste a comer su hermano mayor.

Mirá como tiemblo, como yo, será bilingüe. No escribiré en inglés - o quizás sí -, pero muchos de los links de este blog apuntarán a páginas in English. Pido disculpas, desde ya; se trata de una necesidad práctica (la mayoría de lo que leo, miro, escucho y huelo está en inglés) y no de un gesto elitista.

Andá a saber por qué me salió este tono tan discurso del 25 de mayo, será por la atmósfera de inauguración. En concreto: para los que algunas vez leyeron el difunto Mirá como tiemblo (que luego terminó siendo una categoría dentro de Puto y aparte), o las Notas de estilo (que sufrió un destino parecido), este blog les va a resultar familiar, aunque mechado con nuevos jamones y aromatizado con nuevos ajíes.

Ahora sí, como decía Carlitos Balá: el movimiento se demuestra andando.

Andemos.

Xtian, a las 21 de Abril de 2004 a las 11:35 AM | Enlace permanente | Comentarios (4) | TrackBack