Sábado 2 de Octubre de 2004

Lesbianas de Buenos Aires (2002)

{Argentina. 2002. 82 minutos. Dirigida por Santiago García. Puntaje: 90 de 100.}

No puedo dejar de pensar que el título contiene un guiño irónico. Esta película se llama "Lesbianas de Buenos Aires" aunque se podría haber llamado "Mujeres de Buenos Aires", o simplemente "Mujeres".

Sí, las mujeres que aparecen en pantalla son todas lesbianas: una entrenadora de fútbol femenino y ex militante de la CHA, una jovencita con su pareja, una vendedora de autos, una pareja a punto de tener un hijo, una mujer con su perrito. Sí, el entrevistador recorre cuestiones directamente relacionadas con la sexualidad de las protagonistas: la discriminación, la relación con sus familias, la maternidad, el machismo, la militancia, la búsqueda de una pareja.

Y sin embargo al salir del cine lo que queda es la sensación de haber conocido a un grupo de mujeres entrañables. El mensaje susurrado es que discriminar a estas mujeres fue, es y será un disparate.

El director acierta en eliminar cualquier interferencia (la cámara no muestra al entrevistador ni se escuchan sus preguntas) y en dejar que estas mujeres hablen por sí solas. Hay 5 minutos de más en esos largos planos silenciosos que le dedica a la entrenadora, pero el resto conmueve, divierte y evita el discurso amargo y protestón.

Se puede ver en el Malba todos los viernes y sábados de octubre a las 22hs. La entrada sale $5 descuentos para jubilados y estudiantes.

Xtian, a las 02 de Octubre de 2004 a las 1:12 AM | Enlace permanente | Comentarios (5) | TrackBack

Viernes 1 de Octubre de 2004

Bricolage del blog personal

No son recetas pétreas ni marmoladas, sólo algunas técnicas y gambetas que a veces me funcionan a mí. No es un cursillo, no soy el más indicado para subirme a este púlpito. No sé si les van a servir a alguien, pero acá está la lista desordenada de consejos, opiniones y sospechas que me ayudan a escribir "Puto y aparte".

1. Lo más difícil es empezar a escribir, el primer párrafo suele ser como parir sixtillizos. Si llegué - aunque con la lengua afuera - al tercer párrafo, ya tengo el 90% hecho. También ese tercer párrafo es el momento en el que se ve con claridad si vale la pena decir, si realmente tengo algo para contar o si lo que se insinuaba como una historia de curvas insinuantes es más chata que una contorsionista de circo ambulante.

2. Queda claro que lo más importante - y lo más difícil - es hechar a rodar la bola. Esos dos o tres primeros párrafos suelen salir acartonados e impostados. No importa, al tercer párrafo algo parecido a mi voz empieza a surgir. La solución es sencilla: tirar a la basura los dos primeros párrafos, enganchar ese momento en el que el Pinocho de madera de los primeros párrafos toma vida y sonríe con una sonrisa y unos dientes apenas humanos.

3. Es mucho más fácil escribir para una audiencia vacía. De esa manera toda la energía se concentra en el movimiento de la historia y sus personajes, y no en las reacciones de un público inquieto que tose y se remueve en sus butacas. Aún si el objetivo final es provocar alguna reacción en el lector, lo mejor es dejarlo fuera de la elección del tema o de la historia: los lectores no saben qué quieren leer hasta que lo leen. Y escribir bien es una empresa que necesita nuestra atención en concentración láser, cuanto menos distracciones haya, mejor. Y una de las peores distracciones es mantener en la mira la silueta fantasmal de un lector caprichoso y exigente.

4. O blanco o negro, o ficción o crónica descarnada, pero los grises suelen ser Frankestein que trastabillan a lo Mr. Magoo. Si voy a escribir un blog personal y a relatar mi vida, más vale no intentar salir siempre bien parado, o proyectar una imagen de eterno (anti)héroe. La sinceridad - aferrarse a la realidad como aljibe del que se extrae el champagne de la historia - provee dos beneficios adicionales y aparentemente contradictorios: a. la historia es creíble porque sucedió b. la historia es increíble porque sucedió.

5. Evitar los clichés a cualquier precio. "Llovía a cántaros y me empapé hasta el alma" seguido de "Las cosas están carísimas, como todo siga así voy a terminar cartonero" seguido de "estoy depre" seguido de "me parece que lo voy a patear porque me siento ahogado en esta relación". Nadie quiere leer ese chorro de frases que alguien sacó del freezer y ni se molestó en calentar al microondas. Una de ellas ya indica pereza mental, tres seguidas sugieren (exigen) un clic inmediato en el link más cercano.

6. Tampoco vale disparar palabras de 15 sílabas a mansalva para esquivar los clichés y reemplazar la aridez con el barroco epiléptico. Aún así creo que más vale errar hacia el lado del barroco y el arabesco gratuito que hacia la prosa comatosa. Es mejor leer "Subido a la cinta, el diástole y el sístole al ritmo de rockabillly, rociado por mis propios detritus acuosos" que "apenas me subo a la cinta mecánica me agarra taquicardia y transpiro como un negro".

7. Las palabras son moleculitas, algunas se pegotean con otras, otras se rechazan o entran en combustión. Escribir es enlazar nucleótidos y terminar con un plato de ensalada que nutra los sentidos y estimule el cerebro. El lenguaje que usamos para comprar un boleto de subte o pedirle un día libre a nuestro jefe es esencialmente distinto del que usamos cuando estamos solos frente al tubo de rayos catódicos con el sombrero de blogger nudista.

Hay que tender un puente entre estos dos lenguajes enemigos. Hace falta entrar en calor y salirse del ritmo del lenguaje diario, tan chato y cuadriculado. Para entrar en calor, yo elongo mis músculos linguísticos. Una forma de elongar es escuchar cierta música o leer cierta literatura. No se trata necesariamente de literatura o música de altísima calidad, sino de letras o poesías que no tienen una interpretación lineal, repletas de juego y ambiguedad, donde las palabras se potencian unas a otras y chisporrotean.

Ejemplos:

"Flacas gimnastas, de América
secas, austeras, soviéticas
muchachitas fatales, en blancos zoquetes chinos,
son todas joyas, patricias de amor"

(Música para pastillas, Los Redonditos de Ricotta)

"Quiero un zoom anatómico
quiero el fin del secreto
Entre tus labios de plata
y mi acero inolvidable
quiero un loop
protagónico"

(Zoom, Soda Stereo)

"Jurism
Tourism
Neologism
Imperialism
Cleverism
Criticism
Cataphatacism
Apophatacism
Dogmatism
Apologeticism
Schism
Schism
Baptism
Christening

Bells. I can hear bells."

(Under heavy manners, David Byrne, Robert Fripp)

Las canciones en inglés funcionan todavía mejor, porque puedo suspender la función "interpretativa" del cerebro y dejar que las palabras me caigan en la cabeza como gotas de una canilla que gotea. Especialmente buenas para esta función hipnótica o mediúmnica o narcótica son las canciones de R.E.M., Radiohead o Crowded House.

8. La mayoría de las veces no sé bien que voy a contar o dónde voy a terminar. Alcanza con tener la punta de un ovillo e ir desenredándola, y seguir la hebra como Teseo metiéndose en el laberinto o como Hansel buscando a Gretel o como Alicia cruzando el país de las Maravillas.

9. Visto a vuelo de pájaro, la mayoría de las cosas que nos pasan son aburridísimas. Sólo se vuelven interesantes cuando el cartón pintado se ensancha hacia las 3 dimensiones; cuando se le agregan nuestras sensaciones y nuestra carne. Si se la vacía de sensaciones la mayoría de las historias suenan como la transcripción taquigráfica de un juicio oral: "A dijo X, impávido. B inquirió acerca de Y sin inmutarse. B bajó del estrado y salió del salón."

10. Eso no significa inundar el texto de descripciones que no engrosan el fiambre del sanguche. Salvo que uno posea una pericia a prueba de balas para las descripciones (y no hay casi nadie que la tenga), no vale la pena usar 8 oraciones para describir la cara de alguien o la mesita ratona del living.

11. Las cosas interesantes para contar no ocurren necesariamente cuando uno tiene ánimo de contarlas, por eso es esencial tomar notas. De esa manera uno puede esperar el momento de la "inspiración" y usar esas notas como punto de partida para escribir aquella historia tan fascinante que ocurrió hace 5 meses. El problema es que el cerebro tiende a achatar los horizontes que uno deja atrás y esas mesetas peladas no entretienen las pupilas de nadie. En particular mi cabeza no tiene problemas en recordar el "argumento" de las historias, pero sí extravía los detalles, la porosidad de lo que sucedió. Por eso mis notas son más bien señaladores, no guardan el contenido de la historia, sino que intentan desenterrar las sensaciones de aquél momento. Las referencias oblicuas y la acumulación de datos marginales disparan en mi cabeza una reacción en cadena que profuce la fisión nuclear que desperatará al monstruo congelado. Un ejemplo:

"Unos malvones muertos en el macetero de la ventana. Suena The police y me acuerdo del video en cámara lenta de las velas. Entre las mesas van y vienen miradas furtivas, también en cámara lenta. Jacobo Winograd pide una Coca Diet en la mesa de al lado. Hay un auto deportivo amarillo afuera, capaz que de él. El mozo va y viene como Joe 90, casi se le ven los hilitos. La luz parece de quirófano, los azulejos de morgue. Yo leo Naked de David Sedaris pero vuelvo una y otra vez al mismo párrafo porque la luz, el malvón muerto y las miradas como vectores no me dejan pensar".

(eso es lo que anoté en una libretita una noche a las 5 am en el restaurant Babieca y me permiten reconstruir exactamente todo lo que pasó y el caleidoscopio sensorial de esa noche)

12. Hay que sentarse a escribir con ganas de jugar, como un pibito con 30 frascos de témpera y lejos de la mirada policial de mamá. Y terminar con la cara y la ropa de todos colores. Todo va hacia la entropía y más vale hacer nuestro aporte, atacar esa tela y escupir un gran manchón y colgarlo de la red a dejarlo que se seque.

Xtian, a las 01 de Octubre de 2004 a las 1:50 AM | Enlace permanente | Comentarios (4) | TrackBack