Lunes 23 de Mayo de 2005

Ronda nocturna

Ronda nocturna, 2005, Argentina / Francia, 81 minutos. Con Gonzalo Heredia, Rafael Ferro y Mariana Anghileri. Puntaje: 72 sobre 100.

La película muestra una noche en la vida de Victor, un taxi boy que labura en la zona de Santa Fé y Pueyrredón. La noche transcurre en la calle, un sauna vip, una reunión con un embajador, la calle Godoy Cruz y sus travestis, cualquier otra calle y sus cartoneros, un jacuzzi en un telo, una pizzería, un billar. Y nada más. El argumento no existe, más allá del truco de mezclar realidad y fantasía paranoica.

La película se contenta con recorrer la ciudad insomne persiguiendo a su protagonista, y registrando todo lo que sucede (la peregrinación de los cartoneros, el hastío de los taxi boys, la cocaína de los poderosos) y ahí triunfa, creando una atmósfera onírica y seductora.

El problema es cuando el director fuerza el trazo. Ese final extendido que incluye a la ex novia del protagonista se nota artificial, atropellado e innecesario. Es más, me hizo acordar a los trucos del peor Subiela.

En fin, después de ver esta película me surge otra vez la pregunta que me hice con las últimas 5 o 6 películas argentinas que vi. ¿No estaremos copiando los peores vicios del cine norteamericano independiente? ¿Hasta cuando vamos a seguir huyendo de los argumentos y abrazando el registro documental y descarnado? ¿Seguiremos huyendo del acartonamiento del viejo cine argentino y reemplazándolo por la sustracción y el despojamiento como fetiches?

Alguien que haga ya mismo una película de género (como Nueve reinas). Alguien que se moleste en escribir un argumento con personajes que se transforman en la trama. Alguien que abandone el minimalismo realista o lo supere. Lo antes posible, por favor.

Xtian, a las 23 de Mayo de 2005 a las 5:52 PM | Enlace permanente | Comentarios (3) | TrackBack

Cruzada

Parece que a Leonardo M. D'Esposito no le gustó Cruzada. A mí sí. Acá va su crítica (la incluyo aquí para facilitar la lectura) y mi crítica a su crítica.

Cruzada, "Kingdom of Heaven", EE.UU., 2005, 140’, dirigida por Ridley Scott, con Orlando Bloom, Liam Neeson, David Thewlis, Eva Green, Brendan Gleeson, Jeremy Irons, Edward Norton, Iain Glen. Puntaje: 4.

Las Cruzadas desde el punto de vista políticamente correcto, con cartelito incluido al final que dice que el conflicto no terminó, como si todo fuera sólo una cuestión de religiones (el petróleo y la cuestión territorial de diferentes pueblos bien, gracias). La parte "aventura" es más bien confusa: si era interesante un héroe "defensivo", queda todo disuelto entre un romance castísimo (y tienen a Eva Green, flor de desperdicio) y escenas de batalla aburridas y en cierto punto confusas. Del director de “Gladiador”, no del director de “Los duelistas”, aunque ambos se llamen Ridley Scott.

Por Leonardo M. D'Esposito

Mi respuesta:

((ATENCIÓN: lo que sigue si contiene spoilers. O sea, revela bastante de la trama)).

A veces siento que algunos críticos de El Amante escriben en piloto automático. Que entraron al cine con la idea de que algo no les iba a gustar y critican cualquier fruta que esté un poco abollada. Al menos eso sentí con la crítica que hace Leonardo M. D'Esposito de Cruzada.

Le critica lo siguiente:

1. D'Esposito: la película es políticamente correcta y el cartelito del final no dice que el conflicto actual en Israel también incluye otros elementos geopolíticos, más allá del religioso.

Yo: Ser políticamente correcto no es un defecto en sí mismo, creo, sino caemos en la chabacanería de pensar que decir "negros de mierda" es bárbaro porque implica una proeza de honestidad brutal. ¿Y por qué le molesta tanto el cartelito a D'Esposito? ¿Correspondía que pusieran cinco pantallas para explicar la madeja del conflicto en Israel (qué nadie llega a entender del todo)?

¿Por qué tiene que ser la corrección política un defecto? Por qué no rescatar que la película divide a malos y buenos de una manera más sensata que la mayoría de las demás: los malos son los fanáticos sedientos de poder, los buenos son los moderados con valores más domésticos.

Y encima hay que sumarle este mérito a la película: el héroe es un héroe defensivo, que no duda en decir: se acabó, dejemos todo este disparate de la guerra y volvamos a casa a mirar como salen hojitas de los porotitos.

2. D'Esposito: las escenas de las batallas son confusas.

Yo: Las batallas son confusas, supongo. Nunca estuve en una. Lo irritante de las batallas es que los héroes parecen sobrevivir siempre a los flechazos y piedrazos enemigos y mueren de alguna manera espectacular, mientras que a Juancito y Pinchame los mata un caballo que se les cae encima. Pero eso es parte del protocolo de una película de este tipo. ¿A qué falta de claridad en la batalla se refiere D'Esposito? Se ve que hay dos bandos, que pelean, hay sangre y mutilaciones y hay un intento por no estetizar la muerte (la escena de los cuervos me pareció soberbia). La batalla es carne podrida, no es transpiración épica, te dice Scott, y tiene razón.

3. D'Esposito: la relación entre Bloom y Green es casta.

Yo: D'Esposito: ¿en serio te pareció casto? Coger cogieron, así que esta castidad me pareció bastante porno. Si D'Esposito quería más tetas y culos, tendría que ver Mirame la palomita. ¿O quiere un romance tórrido? El motor de Bloom no es el amor por la minita esta, ella es una circunstancia más. El tipo va a buscar un perdón que no sabe bien que significa. No lo encuentra. Se le mató la esposa, se le murió el padre biológico poco después de conocerlo y tiene un laburo de mierda. Okay, se cruza con la chica esa, ¿y? El tipo tiene otras urgencias que no son las de su entrepierna, tiene otros miedos, otros fantasmas. Y escapa de ellos y corre de acá para allá, guiado por un par de principios de hierro (por algo es herrero). Su religión (en realidad la de su papá) es ser un caballero. Y de ella se separa al final, para volver a ser un herrero. Su plegaria: "intentar hacer de mi lugar un mejor lugar dónde vivir". A mí me alcanza con eso, y me sobra la relación casta o XXX con Green. Si no se hubieran encamado me hubiera parecido bárbaro. ¿O siempre que hay sangre tiene que haber leche?

Lo que no vio Espósito:

a. Scott no pone goma de relleno en su película. En los primeros 10 minutos se plantea la situación y los héroes se mueven hacia su destino.

b. Las batallas: están las imprescindibles y duran poco, por suerte. Sangre digital, no mucha.

c. Ingenio a lo McGiver para defenderse de los que te superan en número: casi ninguno, solo las piedras pintadas de blanco.

d. Malos y buenos: de los dos lados, cristianos y musulmanes, igual de buenos, de malos, de boludos, de turros, de sabios.

e. Una batalla que se prepara con gran alharaca hollywoodense y que se desarma porque los jefes deciden que no tiene sentido que mueran miles para no ganar nada (me hubiera gustado ser Scott para poder hacer eso... usar CGI para preparar una batalla inmensa que nunca sucede).

f. Y un héroe que se rinde, un héroe no fálico, un héroe como Gaudio, que mira el cielo y dice me salió de culo, salí con vida de esto y la gente me quiere. Apaguen la luz, me voy a casa a cosechar porotos alubia.

Y que algún otro baje la persiana.

Esto no es "El ciudadano", ni algún obra de arte china o de Konchumejistán. Es Hollywood, pero Scott esquivó 300 cunetas y no se metió en boxes. Hizo una película de guerra sin estereotipos, construyó un héroe creíble que pierde con gloria y te entretuvo durante 3 horas. Eso, pochoclo y poquísimo rigor histórico.

A mí me alcanza y me sobra.

Xtian, a las 23 de Mayo de 2005 a las 3:45 PM | Enlace permanente | Comentarios (2) | TrackBack

Criticus interruptus

Soy un lector voraz y promiscuo. Y de aliento corto, al menos últimamente. Voy a todos lados con una mochila en la que cargo 3 libros, por lo menos. Compro libros en tamaño pocket para que quepan en el bolsillo del jean o del buzo, y así poder tener algo encima cuando no estoy con la mochila en la espalda. Leo en el baño, en los cafés, en el subte y en la cama antes de dormir. A veces leo mientras camino o mientras subo las escaleras mecánicas. Leo novelas, cuentos, ensayos, diarios y revistas, weblogs.

Lamentablemente, rara vez termino lo que empiezo a leer. Si el libro tiene más de 100 páginas es muy probable que me quede en el camino. Estoy seguro que no es un problema del escritor, sino mío: tengo severos problemas de atención y una personalidad compulsiva. Pero hoy decidí que eso no debería impedirme opinar sobre las 10, 15 o 100 páginas de los libros que empecé a leer y nunca terminé. Acá van las críticas interruptus de lo que cayó en mis manos en el último año:

1. La dama del perrito y otros cuentos, de Anton Chejov. Leí solo "La dama del perrito". Mucha gente que escribió obras maestras (Cortázar) opinaban que Chejov fue uno de los cuentistas fundamentales. También leí en la internet que este cuento en particular es una maravilla. Para mí fue una fetita de queso de máquina, es decir, cuadrado y con muy poco sabor.


2. Historia del siglo XX, de Eric Hobsbawm. Leí el primer capítulo. Muy bien escrito, seguramente un libro fascinante, pero yo soy de los que no saben que significa "Prusia" y no tiene ganas de frenar cada dos párrafos para ir a consultar el diccionario. Tendré que empezar con algo más a mi nivel: o sea, algún librito de historia del secundario.

3. Essays of E.B. White, de E.B. White. Leí 4 o 5 ensayos y todos son maravillosos. White fue uno de los ensayistas fundamentales yanquis del siglo XX. Si existiera la justicia literaria tendría que ser tan estudiado y admirado como Hemingway o Fitzgerald, pero no lo es, quizás porque escribió mayormente para revistas (como el New Yorker). Su ensayo "The sea and the wind that blows" es uno de los textos más bellos que leí.

4. Cuentos completos, de Abelardo Castillo. Leí los 8 primeros cuentos de "Las otras puertas" y me alcanzó para decidir que Castillo es uno de los escritores argentinos clásicos. "El marica" es un cuento perfecto y "Also sprach el señor Nuñez" una delicia.

5. Mitologías, de Roland Barthes. Leí el ensayo "Un obrero simpático" y no me dijo nada. Leí "Cocina ornamental" y me gustó mucho.

6. El fuego más alto, de Marcelo Birmajer. Leí los 6 primeros cuentos del libro. Me encantó "La última familia feliz". "El fuego más alto" y "La espera religiosa" me parecieron excelentes ideas que no cristalizaron en la página. Los otros 3 cuentos ni fu ni fa.

7. Against interpretation and other essays, de Susan Sontag. El ensayo "Contra la interpretación" debería ser obligatorio.

8. Nadar de noche, de Juan Forn. El cuento "Nadar de noche" es uno de mis cuentos favoritos en castellano. Después de leerlo decidí empezar por el primer cuento y leí "El karma de ciertas chicas". Me gustó, pero no mucho, y dejé de leer.

9. Sin and syntax, how to create wickedly effective prose, de Constance Hale. La editora de Wired te enseña cómo escribir prosa endiabladamente efectiva. Muy ágil de leer y con excelentes ejemplos de prosa cool y filosa. Todo muy bien, pero ninguno de estos consejos me ayudó a ser más cool o filoso. Leí hasta la mitad.

10. Memorias de mis putas tristes, de Gabriel García Marquez. Me llevo mal con Gabo. No pude pasar de la tercera página de Cien años, y eso que lo intenté. Acá terminé el primer capítulo y puedo decir que hasta me gustó. El narrador (un viejo) dice "sardineles" y "filipichín" y las oraciones se leen fácil, como si resbalaran. No sé por que no seguí leyendo.

11. Plataforma, de Michel Houellebcq. Leí la primera parte (hasta la página 122). Se lee fácil y se entiende por qué Michel se ha vuelto tan famoso tan rápido. El problema es que soy un romántico asqueroso y un optimista culposo y ese narrador desencantado y que vive y escribe en piloto automático me resulta insoportable. Estoy más cerca de Poldy Bird que de Houllebecq y es hora que lo asuma.

12. Los mitos de la historia argentina, de Felipe Pigna. Lectura amena y progre, aunque ya debería haber aprendido a no comprar libros que anuncian en la tapa que se vendieron 1 millón de ejemplares o que la quincuagésima edición se agotó en una semana. Seguramente terminaré leyendo entero, aunque dudo que llegue a creerme del todo un libro que sugiere que Mariano Moreno fue el primer desaparecido y que habla de "décadas infames" en la Argentina colonial, como si compartieran nucleótidos con la de 1930.

13. Miedo y asco en Las Vegas, de Hunter S. Thompson. El libro fue una novedad en su momento. Seguro que esa es su mayor virtud y su principal defecto. A mí las drogas me aburren. Y la literatura drogona y reventona me aburre el doble. Capaz que lo leo entero igual, porque es cortito.

14. Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Marquez. La primera oración es excelente: "El día que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo." El primer capítulo es muy bueno. Lo abandoné igual, andá a saber por qué.

15. Madame Bovary, de Gustave Flaubert. Leí el primer capítulo pero en ese momento necesitaba algo que pudiera leer en el subte y Flaubert no, no y no. Próxima estación: Fontanarrosa.

16. Usted no me lo va a creer y otros cuentos, de Roberto Fontanarrosa. Leí cuatro cuentos. Excelente literatura de humor. Mucho barrio, mucho olor a sobaco, mucha inteligencia. O sea, me aburrí.

17. Viene a cuento (los diez relatos premiados en el Concurso "Viene a cuento"). El cuento ganador, de Gustavo Nielsen, es una joyita. Los dos cuentos de Sandra Russo están muy bien (aunque me gustó más el que ganó una mención que el que ganó segundo premio).

18. How to be alone, de Jonathan Franzen. Dicen que su novela "The corrections" es una de las mejores novelas yanquis de los últimos 20 años. Y dicen que Franzen es uno de los intelectuales americanos fundamentales. Las dos cosas se notan en los ensayos de este libro. Los leí casi todos (creo que me quedaron tres sin leer). Los fundamentales: "My father´s brain" y "Why bother?". Está en castellano.

19. El placer del texto y Lección inaugural, de Roland Barthes. ¿Por qué me empecino tanto con Barthes? Porque me dan muchas ganas de leerlo cuando alguien lo cita. Leerlo es otra cosa: es arduo.

20. Forgetting Elena, de Edmund White. Es de esas prosas lentas y rococó que seducen mientras la leés, pero que cuando tenés que retomar la lectura te exige un esfuerzo especial: volver un par de páginas atrás para volver a crear el clima necesario. Mi horno no está para esos bollos de cocción lenta.

21. La enfermedad y sus metáforas, de Susan Sontag. Hay que estar de un humor especial para leer un libro cuyo tema central es la tuberculosis y la enfermedad. Yo estoy de un humor especial, pero no de ése y me di cuenta al terminar el primer capítulo.

22. Incesto (Diario no expurgado 1932-1934), de Anais Nin. Y tampoco estoy de humor para leer el diario de una francesa incestuosa en 1932.

23. Un año sin amor, de Pablo Pérez. Y tampoco estoy de humor para leer el diario de un gay enfermo de SIDA en 1996 en el que no pasa nada de nada. Igual el libro sigue en el baño al lado del inodoro y cada tanto leo alguna entrada.

24. The book of the penis, de Maggie Paley. Un libro de 250 páginas sobre el pene. Sin fotos. Leí el prólogo y los agradecimientos.

25. Una cuestión personal, de Kenzaburo Oé. Lo que decía de lectura compulsiva. Fui a un restaurant a comer al mediodía, estaba solo y el restaurant estaba vacío. No me animé a pedir una hoja y una birome para escribir y así entretenerme. Pedí la comida, salí a la vereda y compré este libro en un kiosco de revistas. Leí el primer capítulo (me gustó mucho). Llegó la suprema suiza. Nunca más lo retomé.

26. Conductores suicidas, de Alejo García Valdearena. Un libro hecho ENTERAMENTE de diálogo. No hay descripciones, no hay narración, no hay nada que no sea diálogo llano (ni siquiera tiene el típico "- dijo Marcelo"). La pregunta es: ¿se puede narrar así, sin ningún otro dispositivo que no sea la transcripción del habla? Parece que sí, porque Valdearena lo hace. Y lo hace muy bien: su oído es perfecto. El problema es que el hilo argumental es mínimo. Igual la virtuosidad en la "transcripción" del habla cotidiana de los personajes hizo que leyera 150 de las 253 páginas que tiene el libro.

27. A user´s guide to the millenium, de J.G. Ballard. Me encantan estoy ensayos de Ballard. El tipo es inteligente y cáustico y los temas son variados. Como no dejarse subyugar por alguien que dispara: "Brando y Mae West subieron al estrellato proyectando una carnalidad poderosa y desganada raramente vista antes, aunque Brando tenía la ventaja de tener los pechos más grandes". El problema es que no todos los temas que le interesan a Ballard me interesan a mí, y una vez que empecé a leer salteado supe que me iban a quedar ensayos sin leer.

28. Visions of Cody, de Jack Kerouac. Chorros y chorros de texto, palabras palabras palabraspalabras. Con estos azulejitos Kerouac construyó On the road. ¿Pero si no pude leer "En el camino" por qué se me ocurrió que podría pasar de la tercera página de este libro, que es su versión caleidoscópica y estallada en pedazos?

29. El evangelio según Van Hutten, de Abelardo Castillo. Venía en versión de bolsillo y me tenté. Salía 15 pesos. Lo acabo de abrir y el señalador está clavado en la página 37, al comienzo del capítulo 4. Lo voy a dejar ahí, quién te dice.

30. El cine según Hitchcock, de Francois Truffaut. Otro libro de bolsillo, otro que sé que voy a terminar, otro que puede quedar al lado del inodoro y ser abierto en cualquier página sabiendo que va a aportar algo interesante. Lo que quiero es ver más películas del gordo antes de seguir leyendo.

31. The white album, de Joan Didion. Es imposible no leer el ensayo "The white album" y no sentir que se trata de un texto fundamental. Didion logró transmitir como muy pocos otros las sensaciones que se vivían en USA a fines de los 60s. El problema es que al lado de esta maravilla los otros ensayos parecen relleno.

32. Flores de un solo día, de Anna Kazumi Stahl. El primer capítulo de este libro me empujó a un insomnio de 3 horas. Creo que fue por la potencia sensorial de la prosa de Anna, que acaricia todos los sentidos por igual. También es extraño ver como prosa que parece "mal escrita" alcanza tal nivel de efectividad. Y también es extraño el impacto que ese capítulo tuvo en mí, ya que se trata de una prosa que usualmente detestaría: llena de descripciones minuciosas, con un ritmo bien pausado, donde la acción parece replegarse para dar paso al protagonismo de una atmósfera. Volveré a este libro, pero cuando tenga los sentidos más despiertos de lo que los tengo ahora.

33. Blogging, genius strategies for instant web content, de Biz Stone. Demasiado básico, demasiado vendedor, demasiado aburrido. No duré ni tres páginas.

34. La guerra moderna, de Martín Caparrós. Creo que se llama "Nuevo periodismo": prosa cuidada y "literaria", el periodista embarrándose las manos, la ficción y la realidad licuadas y servidas on the rocks. El capítulo sobre prostitución infantil en Ceylán no me convenció. El del asesinato de un cantante de música tropical sí. El relato de la visita al museo del holocausto en Washington me pareció irrelevante. De todas maneras, Caparrós se mete donde nadie se mete, y eso siempre lo deja fuera del alcance del 99% de los demás.

35. Historias de hombres casados, de Marcelo Birmajer. El primer cuento, "El cuadro", es una maravilla. Está claro que Birmajer es un escritor nato (aunque su prosa siempre me parezca al borde de la torpeza). El segundo cuento, por comparación, me dejó con hambre y dejé de leer. El otro problema con Birmajer es el de Joaquín Sabina: está parado en el borde resbaladizo de la baba por las minas y la misoginia. Esto no tiene que ser bueno ni malo, pero aviso, por las dudas.

36. Gig, Americans talk about their jobs. Un proyecto interesante: un grupo de estudiosos le hizo "reportajes" a empleados de distintos laburos. Está el cantante, el stripper, el diputado, el agente del FBI, el que atiende la estación de servicio. Este libro compila esos testimonios, en formato de relatos en primera persona. La maryoría son fascinantes, otros son aburridos. Habría que hacer esto mismo en Argentina. A ver quién se anima.

37. Creía que mi padre era Dios, relatos verídicos de la vida americana compilados por Paul Auster. Otro libro en primera persona. La "gente común" contando cosas que les pasaron. La única verdad es la realidad, y esa verdad puede ser también ficción.

38. A Mencken chrestomathy, de H.L. Mencken. Mencken fue un periodista yanqui que escribió entre 1910 y 1950. Tenía una prosa incendiaria: no hay una sola página que haya escrito que no tenga el potencial del irritar al 90% de los que lo leen. Extrañamente, no fue linchado, sino que se lo considera el periodista fundamental de su generación. Leerlo es siempre un placer. Si no lo leí completo fue por dos razones: por la tentación de leer salteado y porque mi conocimiento de los Estados Unidos de los 10s a los 50s deja mucho que desear.

39. Soñar y contar, de Hanif Kureishi. Leí la tercera parte, "Escribir". Muy bueno: su prosa fluida nunca decae. Pero los otros temas que toca no me fascinaron, así que probé con su novela más conocida.

40. El buda de los suburbios, de Hanif Kureishi. Me gustó mucho el primer capítulo. Ahí se me ocurrió que debería leerlo en inglés, y lo dejé.

41. The blind watchmaker, Richard Dawkins. Un excelente libro defendiendo el darwinismo. Didáctico, fascinante y excelentemente argumentado. Me quedó por leer el último capítulo porque me estaba mudando a Argentina.

42. United states, essays 1952 - 1992, de Gore Vidal. Me encanta Gore Vidal. Este libro ganó el National Book Award y se lo merece. Leerlo siempre es estimulante. No lo terminé por varias razones. La principal: tiene 1300 páginas. Las secundarias: a. no todos los temas que trata me interesan (la política yanqui, por ejemplo) y b. en algunos temas estoy pintado (¿qué sentido tiene leer el ensayo "William Dean Howells" si no sé ni quién es?)

43. La tierra elegida, de Juan Forn. Leí varios de estos ensayos y me gustan mucho. Forn es de esos tipos (el otro es Fresán) que funcionan como brújulas estéticas. Sentís, cuando hablan de algo, que deberías comprarte ese disco o ese libro, y estás casi seguro de que te van a gustar. Ambos me parecen mejores como timoneles del buen gusto que como novelistas o cuentistas, pero quién soy yo al fin y al cabo para opinar.

44. Ética posmoderna, de Zygmunt Bauman. Cómo me cuesta leer prosa académica. "La mónada solitaria, cerrada herméticamente, queda abandonada entre la multitud de aquellos que se encuentran cerca aunque infinitamente alejados y enajenados sin remedio, y quienes en cada interrelación buscan tan sólo una oportunidad de nutrir su identidad...". Al leer esto siento lo mismo que cuando me mudé a Estados Unidos: mi cerebro cruje al triturar esas frases e intentar traducirlas a un lenguaje comestible. Otro libro "obligatorio" que seguramente nunca leeré. Tendré que esperar a que hagan la película.

45. Libro del desasosiego, Fernando Pesoa como Bernardo Soares. Hm, sí, quizás sí me guste. Por ahora siento que me lo recomendaron con tanta efusividad que fue una desilusión comprobar que no, no me hice pis encima. Me compraré pañales y volveré a intentar.

46. Cantos de Maldoror, del Conde de Lautréamont. Sí, es buenísimo. Sí, es inspirador. Sí, es fundamental. Pero es de esos libros que sentís que pierden fuerza luego de la página 30, a fuerza de repetición. No debería decir estas burradas respecto a estos clásicos fundamentales, pero confío en que casi nadie esté leyendo esta entrada 46.

47. The elements of style, de William Strunk Jr. y E.B. White. El librito ultra fundamental de cualquier persona que escriba en inglés. Tiene 100 páginas y alcanza y sobra. Ojalá existiera algo parecido en castellano. Ojalá alguna vez exista.

48. De qué hablamos cuando hablamos de amor, de Raymond Carver. Carver no la pifia nunca. Cualquiera de estos cuentitos de 3 páginas contiene algo formidable o arrollador. El problema es que tengo que consumirlos en pequeñas dosis: el universo de Carver es brutal y yo soy un alma sensible. Aparte prefiero leerlo en inglés.

49. Paradiso, de José Lezama Lima. Debo ser uno de los cientos que se compró este libro porque a Cortázar se le caía la baba. Es más, se lo recomendé a un amigo que me confirmó que el libro es impresionante. Yo me quedé trabado en los arabescos ultra barrocos de las 15 primeras páginas. Lo leo en mi próxima reencarnación.

50. Essays, George Orwell. Si te gustan los ensayos, leé este libro. Si no te gustan los ensayos, leé este libro así podés quedarte tranquilo sabiendo que los ensayos no son para vos. Orwell es tan bueno que lo puedo leer aunque no tenga interés en los temas que toca. Si no lo terminé es porque tiene 1350 páginas y yo tengo una sola vida.

Y corto acá, no porque se haya acabado la lista, sino porque son las 2.24am y 50 es un lindo número.

Xtian, a las 23 de Mayo de 2005 a las 12:19 AM | Enlace permanente | Comentarios (9) | TrackBack

Lunes 16 de Mayo de 2005

Nunca estuviste tan adorable

Escrita y dirigada por Javier Daulte. Actúan: Mirta Busnelli, Luciano Cáceres, Lorena Forte, María Onetto, Lucrecia Oviedo, Carlos Portaluppi, William Prociuk. Puntaje: 100 sobre 100. Más información acá.

Hacía rato que no sentía la sensación embriagadora de presenciar un espéctaculo sin fisuras: escritura, dirección, actuación, escenografía, vestuario.

Se trata de una familia "muy normal" y argentina a través de los años, de los 40s a los 70s. Un gran fresco costumbrista y no tanto, que se sitúa allá arriba con esa otra gran obra maestra que se llama Esperando la carroza (aunque son muy distintas).

Los actores están todos muy bien, los dos números musicales dan ganas de bailar, la escenografía y la ambientación son deliciosas.

Los jueves la entrada sale 4 pesos (el resto de los días 8), un precio absurdo si se considera el placer que genera la obra. Lamentablemente se termina el domingo que viene (22 de mayo) pero ojalá que la vuelvan a reponer.

Xtian, a las 16 de Mayo de 2005 a las 4:35 PM | Enlace permanente | Comentarios (3) | TrackBack

Lunes 9 de Mayo de 2005

Breve historia de los argentinos, de Felix Luna

Yo soy de los que creen que uno debería recibir un "refuerzo" del secundario a los 30 años, como si se tratara de la vacuna antitetánica. Y por eso decidí tomar el toro por las astas e iniciar mi propio plan de vacunación: no me acuerdo nada de geografía o historia, por ejemplo, y es una verguenza. Me da pavor volverme súbitamente famoso y que, luego de la oleada de paparazis, aparezcan los que te preguntan que opinás de los conflictos en Birmania o mis hipótesis acerca de la eterna debacle argentina.

Por eso me puse a buscar un libro sobre historia argentina, para refrescar mis conocimientos adormecidos. Tenía que cumplir con tres condiciones: abarcar toda la historia argentina (por lo menos desde 1810), ser breve y ser un libro de "divulgación", o sea, no académico.

Por 15 pesos compré "Breve historia de los argentinos", de Felix Luna. Es una edición de bolsillo, ideal para leer en el subte. Luna es de esos historiadores mediáticos que generan dos tipos de reacción: indiferencia o irritación. No creo que tenga fanáticos. Ya hubo varios que se me vinieron encima: "¿cómo vas a leer semejante porquería?", "es super anti peronista", "qué ganas de perder el tiempo...".

Lo cierto es que el librito cumplió con sus objetivos. Es breve, es de divulgación y recorre toda la historia argentina hasta la revolución libertadora (1955). Se trata de un cititour de la historia, un toco y me voy, un coitus interruptus, pero eso era precisamente lo que estaba buscando.

Luna escribe como si te hablara, y no es un conversador fascinante, pero tampoco te duerme. A veces su redacción es de cartulina (dice "levantamiento tumultuorio" y perlitas retóricas de ese tipo). Y sus pretensiones de "objetividad" le juegan en contra: lavando al texto de pasión y colores.

En fin, son 15 mangos y se lee en 5 horas. Si, como yo, no te acordás si Lavalle fusiló a Dorrego o fue al revés, te puede servir. Pero si sos un poco más erudito, te vas a aburrir o te vas a irritar.

Ahora que lo terminé, varios me recomendaron que lea "Breve historia de la Argentina", de José Luis Romero, pero decidí explorar otras cosas.

Me compré, "Un país de novela", de Marcos Aguinis e "Historia del siglo XX" de Eric Hobsbawm. También tengo los dos "Argentinos", de Lanata y tengo ganas de echarle una mirada a "Mitos de la historia argentina", de Felipe Pigna. Aunque Lanata, Aguinis y Pigna me generan desconfianza con su empeño desaforado por encontrar el ADN o la piedra filosofal que explique todos los problemas argentinos por los siglos de los siglos amén.

¿Quién la encuentra, quién la trae, la pieza fundamental? - cantaba el Pato Carret. ¿No será hora de dejar atrás esas preguntas tan medievales y encarar, desnudos y cagándonos de frío, el futuro que se nos viene encima?

Xtian, a las 09 de Mayo de 2005 a las 5:19 PM | Enlace permanente | Comentarios (1) | TrackBack

Tiempo de volver

Tiempo de volver, "Garden State", USA, 2004, 109 minutos. Dirigida por Zach Braff, con Zach Braff, Natalie Portman, Ian Holm. Puntaje: 90 de 100.

Un actorcito salido de una sitcom presenta su primer largo. Escribe, actúa y dirige: esperá lo peor, agarrate fuerte, el just do it de Nike como postulado creativo suele dar resultados catastróficos. Pero no, Garden State es una película rara, con una mirada propia y un humor inteligente. Zach actúa como si fuera Buster Keaton pasado de Prozac. Y todo está muy bien.

Es más, esta película tiene 3 de los mejores gags del año (la camisa con el mismo estampado de la cortina de baño, la luz que se apaga con el aplauso y el velcro silencioso). Me hizo acordar muchísimo al cine ultra personal de Wes Anderson. Alguien que parece, formalmente, meterse en el formato de tonos pasteles de la comedia romántica, pero la dinamita desde adentro, poblando la trama de freaks y hermosos perdedores.

Lamentablemente, en el último tercio, la película se inclina hacia la comedia romántica más tradicional y allí pierde fuerza y color. El final es bastante malo y empalagoso.

Habrá que esperar la próxima película para ver si esto fue suerte de principiante o el nacimiento de un nuevo talento en el panorama de la comedia yanqui.

Xtian, a las 09 de Mayo de 2005 a las 5:17 PM | Enlace permanente | Comentarios (1) | TrackBack