Martes 6 de Diciembre de 2005

Meikinof de Esquivar y desaparecer

(Este texto está dirigido a mi profesora de taller literario y se refiere a este texto. Conviene leer el texto antes de leer este meikinof).

Te cuento como fue el proceso de ese texto para que reconozcas algunos de tus consejos y la practica.

Empece con una frase y una idea "Aunque pase toda mi infancia en el suelo, hoy vivo en un quinto y piso y tengo que caminar 4 cuadras para poder recostarme en el pasto". Por supuesto, esta mal conceptualmente, mal redactada, etc, pero se me ocurrian cosas con eso. Explicar como me fui alejando del piso, en cierto sentido evolutivo (desde las viboras hasta los monos que se trepan a los arboles, despues el hombre se baja del arbol y termina metido en el medio, entre las copas de los arboles y lo subterraneo). Pero esto de como perdi "el piso" me salia en un tono "lo que hemos perdido", que me pudre (ya lo hice con la historia de Mauricio en la cama acabando en seco).

De ahi salte a los subterraneo. En el jardin de mi casa habia un "pozo ciego", a mi de pendejo me daba miedo ese nombre, y cuando llegaron las cloacas se clausuro ese pozo y tuvimos que rellenarlo. Yo veia a mi abuela cortar el pasto y tirar pasto ahí adentro, pero el pozo no se llenaba NUNCA. Yo me asomaba y no veia el fondo. Y el pozo estaba no muy lejos de la ventana de mi dormitorio, pensar que ahi habia como un agujero sin coser me daba miedo a la noche. Esto daba para terror infantil, pero no queria eso tampoco.

De ahi, de ese terror con el pozo, salio, por contraste, la placidez del barrilete arriba del techo. Listo, lo encontre, eso tenia que ser. Porque mas alla del valor simbolico (mi mejor momento con mi viejo ocurre con el de espaldas, sin mi vieja, con mi vieja hablando por un canio desde otro planeta). Hay otras cosas mas simbolicas que es al pedo explicitar. Y mas alla de esas cosas, ese es un momento iconico para mi. Si logro transmitir algo de eso, ya esta.

Ahora, cual es el problema del texto: el barrilete. Es jodido meter un barrilete en el texto sin que se te ponga pegajoso melancolicamente. Es composicion tema "la vaca", composicion tema "mi barrilete". Vos hablaste de eso: "la melancolia invasiva" (o algo asi). El escritor que te mete de prepo a mirar "La sonrisa de mama". Una tecnica para escapar de eso (que yo uso institivamente) es tirar y aflojar, entrar y salir de ese registro, de ese campo minado. La otra tecnica tuya, que me sirvio, es "el sommier". Vos dijiste una vez "uno usa un porcentaje chico de lo que piensa en un texto, lo demas queda atras, es como un sommier en el que uno se recuesta para mirar las cosas". (Lo dijiste hablando de cuando uno escribe ensayos, y frente a mi protesta de que racionalizar y estructurar mucho me anula la escritura). El barrilete tenia que ser escrito tirado sobre el sommier mas oscuro del pozo ciego.

Pero no pude. El evento unico del barrilete es demasiado fuerte, asi que necesitaba otras cosas como "distraccion", necesitaba "tandas comerciales" (otro consejo tuyo) y terminar con el barrilete en el techo (que tenia que suceder al final). Por supuesto, lo primero que se me ocurrio fue meter tandas comerciales sexuales. Por esa epoca empezaban los pibes a escaparse de la clase de dibujo para ir a tocarse al banio. La maestra nos encontro tocandonos el culo y nos dio un discurso acerca de como el culo era sagrado. Unos meses (anios? no puedo armar una cronologia correcta de mi infancia, quizas por eso escribo) despues yo le chupe la pija a otro pibito en una esquina a la noche. Al dia siguiente le conto a todo el mundo y nunca mas me hablaron. Ese episodio se me ocurrio, pero lo rechace porque la onda victima de la discriminacion es un plomo.

(Igual deje un guinio para mi solo, para cuando lea esto dentro de 40 anios: le chupe la pija a este pibe contra una parecita de una casa, detrás de esa parecita, a centímetros, habia una planta con bolitas rojas, la planta tenia un cartel “Planta venenosa, favor de no tocar!”, es muy literario eso, la planta venenosa es como la manzana de Eva que produjo mi expulsión del eden barrial: yo comi la pija venenosa y fui expulsado del barrio y mori y resuscite, etc etc. Mucho tiempo después me entere que la planta no era venenosa, pero la vieja de esa casa puso el cartelito porque sino los pibes del barrio le rompian la planta).

Pero de ahi salieron los piedrazos, del episodio succional. El dia que fui enviado al ostracismo fue tranquilito (no me saludaron, no me hablaron, no me explicaron por que), pero despues cada vez que pasaba por la esquina me tiraban con piedras. Pero yo habia aprendido a esquivarlas durante muchos anios jugando al delegado. De ahi vino el tema de los piedrazos y del delegado. Y la frase del principio (yo necesito frases del principio): "Lo que mas me gustaba era esquivar y desaparecer", que en realidad habla mas de lo que vino despuse del dia que me quede sin amigos en el barrio, esquivar las piedras y el odio, desaparecer escapandome hacia el secundario y hacia algun otro lado (la vida, USA en el futuro).

En fin... sigamos. Empece con el tema piedrazos y me colgue mal. Se me metian otras cosas del barrio. Una fabrica de azufre abandonada que habia enfrente de casa. Un eucaliptus. Mi abuela. Mis amigos. Pero ahi entro tu otro consejo: "la extension del texto es tu amiga". Dos paginas, a serruchar y condensar que todo tiene que entrar en dos paginas.

El criterio entonces fue medio pedorro: acumular piedras y palos lo mas posible, que el texto sea bien primitivo, onda horda de simios en pleno extasis violento. Tampoco la pavada, pero en esa onda. Y escrito desde el sommier sarmientino de enfrentar civilizacion y barbarie. Los pibes de mi barrio eran la barbarie: todos indios. No indios crueles, sino indios dunga dunga, de rompamos todo, onda punk visceral de pogo en el campito. Y yo era la civilizacion: les complicaba los juegos, les contaba cosas que leia, dibujaba pistas complicadisimas en el asfalto para que ellos corrieran con sus autos rellenos de masilla. Y seducia al mas fuerte de la barra para que me tomara como "ahijado" y me protegiera de los demas.

Listo, de ahi salio el delegado, la escondida y los piedrazos de un tiron. Y tambien, de esa misma epoca es el campito y cuando me quedaba horas enteras tirado mirando el cielo. Listo, eso tambien iba. Me faltaba meter a mi viejo y el barrilete. Genial, porque tenia una hoja y media escrita, y solo queda media pagina. Perfecto! La longitud es tu amiga, tenes que entregar esto en el taller en unas horas y te tenes que ir a laburar. En dos parrafos no me puedo mandar demasiadas cagadas.

Si puedo, los dos parrafos en el techo me salieron mal, demasiado en camara lenta, demasiado "mira que grosso este momento literariommm". Tenia que reducirlo a un parrafo. Aparte era totalmente mentiroso poner a mi viejo en el techo y suponer que nuestra relacion era barbara. Lo que queria era un lindo momento de complicidad y listo. Use el parrafo introductorio para contrabalancear: mi viejo no era el gran padre amor de sus hijos. Tampoco el mas turro. Antes del barrilete tenia que tirar yo mi piedrazo y lo tire: la historia de mi abuelo matando a alguien en Uruguay y yo diciendole a mi viejo "no sos ningun Giorgio el veneciano, sos uruguayo" (mi viejo siempre odio que su documento sea uruguayo). Okay, queda un parrafo y hay que subir al techo. Tiene que pasar todo rapido y si me cuelgo con lo poetico que sea solo en una oracion, no mas. Listo, ultima oracion... ultima palabra "desapareciendo"... suena como Los dinosaurios de Charly "Oh, mi amor... desapareciendoooooooo", pero listo, es mi paranoia, nadie va a leer esa palabra asi, ni va a leer referencias a los desaparecidos, ni va a trazar un paralelo historico entre tuneles de cloacas y palos y piedras y desapariciones con la historia argentina desde el peronismo. Relajate, ya esta.

En la primera relectura me incomodan las palabritas levemente poeticas y los giros literarios. Cambio cosas como "introdujo" por "metio", "avanzo" por "fue hacia adelante", "construyo" por "hizo". No necesito el ritmo aletargado levemente poetico, asi que a la mierda con eso. Tampoco es crucial el ritmo de oraciones, asi que, aunque no quiero un ritmo cuadrado, tampoco le presto demasiada atención como otras veces. "Que se entienda", es el criterio, y a lo sumo el contrapunto entre lo brutal y lo comico y lo melancolico y lo simbolico.

En la segunda relectura hay cosas que me molestan. Nombres propios "Juancito el chico de la vuelta", "Mariano el hijo de la tuerta". No, tiene que ser yo contra ellos, asi que todo va a ser yo y "los pibes del barrio". Y suprimir las palabras "mis amigos del barrio" y cambiarla por "los pibes", algo bien neutro. Igual nunca fui amigo, yo estaba de paseo en ese zoologico, asi que el texto tiene mas verdad cuando dice "los pibes". En realidad depende de la perspectiva, de pendejo yo pensaba que eran amigos, ahora me doy cuenta que eran pibes.

El otro problema, la voz.. es coherente? Escribo desde ahora o escribo con "ojos de ninio"? Algo mixto, desde ahora pero que se me chifle en el lenguaje un poco de niniez... digamos un registro "niniez subliminal". El otro es demasiado jodido y le sale mal a casi todo el mundo (Pablo Ramos lo hace mas mal que bien, sus textos tienen otros aciertos, no ese; Salinger esquiva el bulto y habla con un lenguaje "coloquial" que no existio nunca, etc). Sustituyo las partes poeticas, cuando puedo, con giros medio infantiloides:

la cania se combo (dale chabon! Pegale con combaaaaaaaa! - en la canchita)
las zapatillas hacian ruido al despegarse (oracion incompleta? Al despegarse de que?)
habia que ir hasta un lugar lejos como cascallares (los pibes usan el “lejos” como adjetivo, los grandes usan “lejano”)

etcetera.

Ultimos detalles: "el avion de chorro dibujando su linea de espuma" esta fuera del registro plano de la prosa, pero me encanta lo de la linea de espuma. A, otro ajuste: no precisar edad del protagonista, no precisar barrio, borronear lo mas posible el tiempo y la geografia, porque los pibes viven asi… en un espacio medio placentario, de luces y sombras difusas.

Lo dejo. La ultima oracion, va en registro plano o levemente poetico? Termino con el zumbido de la tanza desenrrollandose y chau? Eso esta bueno. Aparte esta bueno terminar acusticamente, con un zumbido unplugged.

O meto el cambio de color en el horizonte y el barrilete desapareciendo? Esto es mas obviamente circular. Y no es tan tan tan mersa (peor hubiera sido "el barrilete se hundio en el horizonte ESQUIVANDO las nubes y DESAPARECIENDO"). Listo, que se hunda y desaparezca, pero hacia arriba en vez de hacia abajo como el superheroe en busca del magma.

(Magma y mama son palabras parecidas, habra algo en eso de ir hacia el vientre de la tierra en busca de magma o de mama? Que edipico, menos mal que ese tipo de cosas no las tengo en la cabeza mientras escribo).

Xtian, a las 12:18 PM | Enlace permanente | Comentarios (8) | TrackBack

Miércoles 15 de Junio de 2005

Taller literario: escribí oraciones en forma positiva

Minid se pregunta cómo escribir bien. La pregunta es importante; la respuesta es "nadie sabe" o su equivalente optimista: "escribiendo". Pero sí hay errores que cometemos con frecuencia y reglas sensatas para evitarlos.

Uno de esos manualcitos de reglas es el famoso "The elements of style" de Strunk & White: un libro chiquitito e imprescindible para cualquiera que quiera escribir bien en inglés, o en cualquier idioma. Muchos aseguran leerlo una vez cada 6 meses para purgarse de vicios idiomáticos.

Una de las reglas del libro, tomada de la sección "Principios elementales de composición", es "Usá oraciones de forma positiva". Lo que sigue es una mala traducción del texto mezclada con mis comentarios en un gran menjunje. Como el libro es viejito y ya está en el dominio público espero que la policía no venga a golpearme la puerta.

1. Usá oraciones de forma positiva.

Evitá el lenguaje tímido y descolorido. Usá las palabras para afirmar, no para negar o evadirte.

Negativo: Era raro que llegara puntual.
Positivo: Generalmente llegaba tarde.

Negativo: El creía que estudiar latín no era muy útil.
Positivo: El creía que estudiar latín era una pérdida de tiempo.

Conciente o inconcientemente el lector se siente estafado cuando se le dice lo que no es. Lo que quiere es saber lo que es. Por lo tanto, como regla, es mejor expresar algo negativo en forma positiva.

N: no es honesto; P: es deshonesto
N: no es importante; P: es irrelevante
N: no recuerda; P: se olvidó
N: no le prestó atención; P: lo ignoró
N: no le tiene mucha confianza a; P: desconfía de

La antítesis entre positivo y negativo es muy fuerte:

No quiero caridad, quiero justicia.
No la amaba, pero sí la necesitaba.

Las palabras negativas que no son "no" suelen ser fuertes:

El sol nunca sale en el polo norte.

Xtian, a las 5:23 PM | Enlace permanente | Comentarios (5) | TrackBack

Viernes 1 de Octubre de 2004

Bricolage del blog personal

No son recetas pétreas ni marmoladas, sólo algunas técnicas y gambetas que a veces me funcionan a mí. No es un cursillo, no soy el más indicado para subirme a este púlpito. No sé si les van a servir a alguien, pero acá está la lista desordenada de consejos, opiniones y sospechas que me ayudan a escribir "Puto y aparte".

1. Lo más difícil es empezar a escribir, el primer párrafo suele ser como parir sixtillizos. Si llegué - aunque con la lengua afuera - al tercer párrafo, ya tengo el 90% hecho. También ese tercer párrafo es el momento en el que se ve con claridad si vale la pena decir, si realmente tengo algo para contar o si lo que se insinuaba como una historia de curvas insinuantes es más chata que una contorsionista de circo ambulante.

2. Queda claro que lo más importante - y lo más difícil - es hechar a rodar la bola. Esos dos o tres primeros párrafos suelen salir acartonados e impostados. No importa, al tercer párrafo algo parecido a mi voz empieza a surgir. La solución es sencilla: tirar a la basura los dos primeros párrafos, enganchar ese momento en el que el Pinocho de madera de los primeros párrafos toma vida y sonríe con una sonrisa y unos dientes apenas humanos.

3. Es mucho más fácil escribir para una audiencia vacía. De esa manera toda la energía se concentra en el movimiento de la historia y sus personajes, y no en las reacciones de un público inquieto que tose y se remueve en sus butacas. Aún si el objetivo final es provocar alguna reacción en el lector, lo mejor es dejarlo fuera de la elección del tema o de la historia: los lectores no saben qué quieren leer hasta que lo leen. Y escribir bien es una empresa que necesita nuestra atención en concentración láser, cuanto menos distracciones haya, mejor. Y una de las peores distracciones es mantener en la mira la silueta fantasmal de un lector caprichoso y exigente.

4. O blanco o negro, o ficción o crónica descarnada, pero los grises suelen ser Frankestein que trastabillan a lo Mr. Magoo. Si voy a escribir un blog personal y a relatar mi vida, más vale no intentar salir siempre bien parado, o proyectar una imagen de eterno (anti)héroe. La sinceridad - aferrarse a la realidad como aljibe del que se extrae el champagne de la historia - provee dos beneficios adicionales y aparentemente contradictorios: a. la historia es creíble porque sucedió b. la historia es increíble porque sucedió.

5. Evitar los clichés a cualquier precio. "Llovía a cántaros y me empapé hasta el alma" seguido de "Las cosas están carísimas, como todo siga así voy a terminar cartonero" seguido de "estoy depre" seguido de "me parece que lo voy a patear porque me siento ahogado en esta relación". Nadie quiere leer ese chorro de frases que alguien sacó del freezer y ni se molestó en calentar al microondas. Una de ellas ya indica pereza mental, tres seguidas sugieren (exigen) un clic inmediato en el link más cercano.

6. Tampoco vale disparar palabras de 15 sílabas a mansalva para esquivar los clichés y reemplazar la aridez con el barroco epiléptico. Aún así creo que más vale errar hacia el lado del barroco y el arabesco gratuito que hacia la prosa comatosa. Es mejor leer "Subido a la cinta, el diástole y el sístole al ritmo de rockabillly, rociado por mis propios detritus acuosos" que "apenas me subo a la cinta mecánica me agarra taquicardia y transpiro como un negro".

7. Las palabras son moleculitas, algunas se pegotean con otras, otras se rechazan o entran en combustión. Escribir es enlazar nucleótidos y terminar con un plato de ensalada que nutra los sentidos y estimule el cerebro. El lenguaje que usamos para comprar un boleto de subte o pedirle un día libre a nuestro jefe es esencialmente distinto del que usamos cuando estamos solos frente al tubo de rayos catódicos con el sombrero de blogger nudista.

Hay que tender un puente entre estos dos lenguajes enemigos. Hace falta entrar en calor y salirse del ritmo del lenguaje diario, tan chato y cuadriculado. Para entrar en calor, yo elongo mis músculos linguísticos. Una forma de elongar es escuchar cierta música o leer cierta literatura. No se trata necesariamente de literatura o música de altísima calidad, sino de letras o poesías que no tienen una interpretación lineal, repletas de juego y ambiguedad, donde las palabras se potencian unas a otras y chisporrotean.

Ejemplos:

"Flacas gimnastas, de América
secas, austeras, soviéticas
muchachitas fatales, en blancos zoquetes chinos,
son todas joyas, patricias de amor"

(Música para pastillas, Los Redonditos de Ricotta)

"Quiero un zoom anatómico
quiero el fin del secreto
Entre tus labios de plata
y mi acero inolvidable
quiero un loop
protagónico"

(Zoom, Soda Stereo)

"Jurism
Tourism
Neologism
Imperialism
Cleverism
Criticism
Cataphatacism
Apophatacism
Dogmatism
Apologeticism
Schism
Schism
Baptism
Christening

Bells. I can hear bells."

(Under heavy manners, David Byrne, Robert Fripp)

Las canciones en inglés funcionan todavía mejor, porque puedo suspender la función "interpretativa" del cerebro y dejar que las palabras me caigan en la cabeza como gotas de una canilla que gotea. Especialmente buenas para esta función hipnótica o mediúmnica o narcótica son las canciones de R.E.M., Radiohead o Crowded House.

8. La mayoría de las veces no sé bien que voy a contar o dónde voy a terminar. Alcanza con tener la punta de un ovillo e ir desenredándola, y seguir la hebra como Teseo metiéndose en el laberinto o como Hansel buscando a Gretel o como Alicia cruzando el país de las Maravillas.

9. Visto a vuelo de pájaro, la mayoría de las cosas que nos pasan son aburridísimas. Sólo se vuelven interesantes cuando el cartón pintado se ensancha hacia las 3 dimensiones; cuando se le agregan nuestras sensaciones y nuestra carne. Si se la vacía de sensaciones la mayoría de las historias suenan como la transcripción taquigráfica de un juicio oral: "A dijo X, impávido. B inquirió acerca de Y sin inmutarse. B bajó del estrado y salió del salón."

10. Eso no significa inundar el texto de descripciones que no engrosan el fiambre del sanguche. Salvo que uno posea una pericia a prueba de balas para las descripciones (y no hay casi nadie que la tenga), no vale la pena usar 8 oraciones para describir la cara de alguien o la mesita ratona del living.

11. Las cosas interesantes para contar no ocurren necesariamente cuando uno tiene ánimo de contarlas, por eso es esencial tomar notas. De esa manera uno puede esperar el momento de la "inspiración" y usar esas notas como punto de partida para escribir aquella historia tan fascinante que ocurrió hace 5 meses. El problema es que el cerebro tiende a achatar los horizontes que uno deja atrás y esas mesetas peladas no entretienen las pupilas de nadie. En particular mi cabeza no tiene problemas en recordar el "argumento" de las historias, pero sí extravía los detalles, la porosidad de lo que sucedió. Por eso mis notas son más bien señaladores, no guardan el contenido de la historia, sino que intentan desenterrar las sensaciones de aquél momento. Las referencias oblicuas y la acumulación de datos marginales disparan en mi cabeza una reacción en cadena que profuce la fisión nuclear que desperatará al monstruo congelado. Un ejemplo:

"Unos malvones muertos en el macetero de la ventana. Suena The police y me acuerdo del video en cámara lenta de las velas. Entre las mesas van y vienen miradas furtivas, también en cámara lenta. Jacobo Winograd pide una Coca Diet en la mesa de al lado. Hay un auto deportivo amarillo afuera, capaz que de él. El mozo va y viene como Joe 90, casi se le ven los hilitos. La luz parece de quirófano, los azulejos de morgue. Yo leo Naked de David Sedaris pero vuelvo una y otra vez al mismo párrafo porque la luz, el malvón muerto y las miradas como vectores no me dejan pensar".

(eso es lo que anoté en una libretita una noche a las 5 am en el restaurant Babieca y me permiten reconstruir exactamente todo lo que pasó y el caleidoscopio sensorial de esa noche)

12. Hay que sentarse a escribir con ganas de jugar, como un pibito con 30 frascos de témpera y lejos de la mirada policial de mamá. Y terminar con la cara y la ropa de todos colores. Todo va hacia la entropía y más vale hacer nuestro aporte, atacar esa tela y escupir un gran manchón y colgarlo de la red a dejarlo que se seque.

Xtian, a las 1:50 AM | Enlace permanente | Comentarios (4) | TrackBack

Miércoles 9 de Junio de 2004

Los blogs personales y el problema del estilo

Hay una preocupación recurrente entre los bloggers que escriben blogs “personales”: el problema del “estilo”. Es decir, cómo imprimir una marca reconocible - y preferentemente invisible e inimitable – en lo que escribimos, de forma que el lector vuelva una y otra vez, en busca de ese “no se qué”, hipnotizado por el vaivén pendular y el sordo tic-tac de nuestra prosa. Algunos hasta sostienen que en la pulseada entre forma y contenido, la forma siempre gana. Aducen que un gran escritor es capaz de llevarnos de la mano en viajes de ensueño, aunque el tema – el contenido – sea aburrido o hasta repugnante. Yo soy uno de los integrantes de este culto, que reconoce como tótems a escritores como E. B. White, Sandra Russo, Truman Capote o H. L. Mencken, es decir, escritores a caballo entre el periodismo y la literatura, hijos bastardos de Montaigne que escriben sobre cualquier cosa, pero siempre con una obsesión febril por el estilo (esa obsesión es explícita en Capote, y alcanza y sobra con leer el prólogo de “Música para camaleones” para entender su magnitud).

Cada nuevo encuentro con un escritor de esta raza me produce dos efectos contrarios: la confirmación de que escribir - y leer – es una actividad trascendental (leo, luego existo) y que entre tenistas de ese calibre yo siempre jugaré al ping-pong. Y no es falsa modestia, y no es que ese segundo efecto sea desmoralizador o asfixiante; la ambición no tiene que ser el único motor que mueve esta carreta, a veces alcanza con la tracción a sangre.

En eso pensaba el otro día, sentado en una estación de trenes vacía, a las 5 de la mañana. Me mudo a Argentina en unas semanas, luego de 6 años de vivir en USA y desde el día que tomé la decisión – y que la sentí coagularse y volverse definitiva – vivo en un estado alterado, nebuloso y áspero. En esa estación vacía intenté organizar y explicar esa sensación extraña. ¿Es nostalgia por volver a Argentina? ¿Es alivio luego de tomar una decisión difícil pero que no podía seguir aplazando? ¿Es tristeza por dejar los Estados Unidos? ¿Es temor por lo que vendrá o por lo que se va? Y me di cuenta que es todo eso, pero que también es otra cosa. Y recién me di cuenta qué es esa otra cosa cuando, sentado en esa estación vacía, vi pasar a toda velocidad un tren a toda velocidad – ni siquiera pude descifrar de que línea era -. Esa otra cosa, esa cosa informe y pastosa que forma el centro de cómo me siento en estos días es la sensación de que me estoy despidiendo y que no sé cuántas de esas despedidas son definitivas.

Me explico un poco más: cuando uno se va, congrega a familiares y amigos en la estación de trenes, abraza y besa a todos, llora cataratas y se va, sacudiendo el pañuelito lleno de mocos desde la ventanilla. Por suerte existe ese ritual de clausura, ese The end o ese To be continued (que suena menos atroz), que amortigua el golpe. Pero en mi caso, no sé cuál va a ser la última vez que voy a comer un helado de Oreos and cream en la heladería de New Brunswick, cuál va a ser mi último viaje en subte en New York o cuándo la última vez que voy a ver las aguas barrosas del Raritan desde el colectivo que cruza el puente. Despedirse no es tan feo, lo feo es no saber cuándo te estás despidiendo y cuándo estás sólo diciendo hasta luego.

Todo este vaciamiento, esta diarrea de los sentidos, este amontonamiento de recuerdos en el espejito retrovisor empañado es una patada en los huevos en cámara lenta. Soy de los que necesitan el freezer lleno de comida que nunca voy a comer, la biblioteca llena de libros que nunca voy a leer, los ojos llenos de paisajes que nunca voy a volver a pisar y la garganta llena de ascos que nunca voy a terminar de escupir. Por todo eso escribo, supongo, porque a pesar de que soy incapaz de despedirme como corresponde, siempre me estoy yendo.

Juro que cuándo empecé a escribir tenía algo que decir respecto al estilo, cómo es imposible cultivarlo, cómo los grandes escritores tienen un estilo orgánico – inseparable del “contenido” – y otros dictámenes igual de graves y solemnes… pero también perdí ese tren y el próximo sale andá a saber a qué hora.

Xtian, a las 7:42 PM | Enlace permanente | Comentarios (16) | TrackBack

Lunes 26 de Abril de 2004

El punto

[Un post viejo, publicado originalmente en noviembre de 2003]

La maestra del primario me explicó que el punto termina oraciones. Que debe colocarse sólo cuando el enunciado ha alcanzado sentido completo. Que existen tres tipos de puntos: el punto seguido (que separa oraciones del mismo párrafo), el punto y aparte (que termina un párrafo) y el punto final (que termina un texto). Y que el punto es la más extensa pausa sintáctica del idioma español.

La gramática no dice nada más. Y sin embargo el punto es seguramente el signo de puntuación más importante ya que cumple dos funciones cruciales: a. fracciona el significado total del texto en porciones digestibles y b. sugiere el ritmo global del texto (el ritmo se completa con el ritmo interno de las oraciones, puntuadas con los demás signos de puntuación).

Fraccionar el texto en unidades menores, partir el postre en porciones, digamos, es necesario porque las personas sólo pueden mantener "activas" en su cerebro un número limitado de ideas. Cuando el lector alcanza el punto que cierra una oración, poda mentalmente todas las ramas gramaticales que se habían abierto, condensa su significado y ya está listo para la próxima oración, para la próxima cucharada. Y si el escritor carga demasiado la cuchara es el lector el que se atraganta, tose molesto y corre a buscar su vasito con Uvasal.

De este razonamiento se desprende una regla básica: (la mayoría de las veces) las oraciones cortas son preferibles a las extensas. Cuánto más larga es la oración mayor es la probabilidad de que el sujeto y el verbo se distancien (lo que contribuye a la sensación de "¿de qué era que me estaba hablando?" y la necesidad de releer la oración) o de que el cometido principal del enunciado se pierda entre tantos zigzags (por ejemplo esta misma oración). Si esta regla se aplicara con más frecuencia la mayoría de los textos se harían más legibles. En computación (y en el arte de la guerra) existe una regla llamada "divide y conquistarás", esa misma regla se puede aplicar en la edición de textos: muchas veces alcanza con dividir una oración chirle en dos o tres para que el párrafo recupere su consistencia.

Por ejemplo, este párrafo (extraído de Otra vuelta de tuerca) está lleno de grumos:

"Esperaron juntos la llegada de la nodriza con la supuesta esclava cargando el canasto como hacía todos los lunes muy temprano y cuando el harén real dormía cansados de las fiestas de los Domingos a la noche. Aparecieron silenciosamente, la nodriza se acercó a la habitación de Bedoya y fueron juntos al jardín, donde entraron al laberinto buscando seguramente un lugar seguro para reunirse en amor."

Dos oraciones extensas, de 37 y 29 palabras, coordinadas pobremente y con demasiados flancos débiles. La primer oración compila demasiada información: que los amantes esperan juntos, que la nodriza hace los recorridos los lunes temprano, que está acompañada de una esclava, que esa esclava puede ser una impostora, y que en el harén la pasan bomba los domingos a la noche (¡Feliz domingo para la juventud!). La segunda oración, que debería darnos un descanso luego de tanto jadeo (especialmente si también tuvimos un feliz domingo), continúa apilando canastos e ideas inconexas: la nodriza y la esclava aparecen silenciosamente, supongo que "aparecen" significa que se presentan donde están los que "esperaron juntos" en la oración anterior; la nodriza sola se acerca a la habitación de Bedoya (¿y la esclava que hace mientras?); ¿los que fueron juntos al jardín quiénes son? ¿La nodriza va o no? ¿Y los que esperaron juntos en la oración anterior donde fueron? ¿Y Bedoya? ¿Y Magoya?

De más está decir que para cuando llega el momento de meterse en el laberinto perdí la cuenta de cuántas personas se "reúnen en amor". Y me ronda la pregunta: ¿Dónde quedó el canasto?

Así que déjenme que me meta en esta jungla con el machete. Partiendo oraciones, reordenando un poco y con algunos otros pequeños retoques:

"El harén real dormía luego de las orgías del domingo a la noche. Alí y Jashir esperaron impacientes la llegada de la nodriza y su esclava. Sonaron los 4 golpes convenidos en la puerta y Alí la abrió para encontrarse con las dos mujeres que depositaban el canasto en el umbral. Alí les sonrió, les agradeció con una reverencia y las vio desaparecer silenciosamente entre las columnas de la galería. Los dos jóvenes acercaron una vela para descubrir el contenido del canasto: un pan de haschís, sogas y un falo tallado en marfil. Se apresuraron, llenaros sus alforjas y sigilosamente cruzaron el corredor, las galerías y finalmente el sendero que daba al jardín. Jashir señaló la entrada del laberinto y sonrió: pronto serían libres. En pocos minutos habían encontrado el lugar convenido, que la nodriza había marcado con una gran cruz de tiza azul en el muro. Extendieron un tapiz sobre el césped húmedo: Jashir se recostó boca arriba y observó cómo las nubes cruzaban velozmente el cielo, como una jauría de perros enloquecidos. Mientras, Alí vaciaba las alforjas: sobre el tapiz yacían ya desparramados el haschís, el falo y una botella de licor. Jashir se dejaba invadir por el sopor de las nubes en caravana otra vez, aunque había cambiado de opinión: no se trataba de perros, sino de caballos desbocados, indomables. Sintió de pronto los labios secos y la urgencia de beber licor o de besar a Alí. Las nubes se abrieron y la luz lechosa de la luna lo cegó un instante. Cuando abrió los ojos apenas alcanzó a ver el brillo metálico en el puño de su amante".

Bueno, al final terminé en una versión arábiga y porno soft de "La noche boca arriba" de Cortázar. Perdón.

En este párrafo las oraciones rondan las 15 palabras, aunque hay algunas más extensas (aunque de estructura muy sencilla: enumeraciones, secuencias enlazadas con conectivos y con distancia mínima entre sujeto y verbo). El párrafo ha ganado claridad aunque no es perfecto, las referencias "Alí hizo esto", "Jashir hizo aquello" se hacen excesivas en las últimas oraciones, sólo para dar un ejemplo.

Y también fui injusto con Atitar, ese párrafo es mucho más legible cuando se lee en contexto. Y supongo que la intención estilística original fue escribir con olor a "Las mil y una noches": las oraciones expansivas y la gramática perezosa de los mitos.

Pero volviendo a nuestra regla básica: lo breve es preferible a lo extenso, dos oraciones breves suelen ser más claras que una que las fusione. Todo muy bien, excepto que un texto no es solo contenido, también es rítmica y melodía. Y hay un límite en lo que las oraciones cortas y de estructura sencilla pueden lograr. Por ejemplo:

"El mar no se movía. Bajaron del buque una lancha. Tardaron casi una hora en hacer funcionar el motor. Desembarcó en la isla un marino vestido de oficial o de capitán. Los demás volvieron al buque."

En este párrafo (extraído de La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares), el único signo de puntuación es el punto y las oraciones son cortísimas (3 de las 5 oraciones del párrafo tienen 5 palabras). Bioy se podía permitir estos lujos porque era Bioy, y aún así se permite el lujo sólo por poco tiempo: en el siguiente párrafo las oraciones recuperan longitud y sofisticación. (Y ya que estoy comento: se me hace muy arduo leer a Bioy por su fanatismo exagerado por la oración mínima, sus textos terminan martillándome la cabeza como una lluvia de gotas anchas. Sus ficciones son fascinantes pero siempre me dio la impresión de que podrían estar mejor ejecutadas. Es mi modestisísima opinión, que quizás contradiga la de Borges - aunque quizás no: en su famosa cita Borges acerca de "La invención..." habla de una trama pefecta, no de una prosa perfecta). El encadenamiento de oraciones de este tipo convierte el texto en la lista de compras para el super, maximizando claridad pero destruyendo la textura de lo escrito.

El lector busca argumento, significado (costado derecho del cerebro si se cree en esas teologías) pero también sentimiento, tacto, el pulso de una voz (costado izquierdo). Y esa tensión es literatura. Conviene entonces que ilustre con ejemplos cómo distintos autores juegan con el punto y la extensión de las oraciones.

Marguerite Duras en "El amante" usa oraciones cortas, que funcionan como baldazos de agua tibia:

"Entre los dieciocho y veinticinco años mi rostro emprendió un camino imprevisto. Ese envejecimiento fue brutal. Ví como se apoderaba de mis rasgos uno a uno... He conservado aquel rostro nuevo. Ha sido mi rostro. Ha envejecido más por supuesto, pero relativamente menos de lo que hubiera debido. Tengo un rostro lacerado por arrugas secas, la piel resquebrajada. No se ha deshecho... ha conservado los mismos contornos pero la materia está destruida. Tengo un rostro destruido..."

Paul Bowles, mezcla oraciones largas y cortas en "El cielo protector":

"Esa noche se despertó sollozando. Su ser era un pozo de mil metros de profundidad; subía de las regiones inferiores con una sensación de infinita tristeza y de descanso, pero no recordaba ningún sueño, como no fuera la voz sin cara que le había recordado: 'El alma es la parte más cansada del cuerpo.' La noche era silenciosa, salvo un vientecito que soplaba a través de la higuera y movía los aros de alambre colgados de las ramas. Se rozaban al balancearse, chirriando apenas. Escuchó un rato y se quedó dormido".

Y el ejemplo final: Cortázar contradice todo lo que acabo de decir con su gigantesca oración al comienzo de La autopista del sur:

"Al principio la muchacha del Dauphine había insistido en llevar la cuenta del tiempo, aunque al ingeniero del Peugeot 404 le daba ya lo mismo. Cualquiera podía mirar su reloj pero era como si ese tiempo atado a la muñeca derecha o el bip bip de la radio midieran otra cosa, fuera el tiempo de los que no han hecho la estupidez de querer regresar a París por la autopista del sur un domingo de tarde y, apenas salidos de Fontainbleau, han tenido que ponerse al paso, detenerse, seis filas a cada lado (ya se sabe que los domingos la autopista está íntegramente reservada a los que regresan a la capital), poner en marcha el motor, avanzar tres metros, detenerse, charlar con las dos monjas del 2HP a la derecha, con la muchacha del Dauphine a la izquierda, mirar por retrovisor al hombre pálido que conduce un Caravelle, envidiar irónicamente la felicidad avícola del matrimonio del Peugeot 203 (detrás del Dauphine de la muchacha) que juega con su niñita y hace bromas y come queso, o sufrir de a ratos los desbordes exasperados de los dos jovencitos del Simca que precede al Peugeot 404, y hasta bajarse en los altos y explorar sin alejarse mucho (porque nunca se sabe en qué momento los autos de más adelante reanudarán la marcha y habrá que correr para que los de atrás no inicien la guerra de las bocinas y los insultos), y así llegar a la altura de un Taunus delante del Dauphine de la muchacha que mira a cada momento la hora, y cambiar unas frases descorazonadas o burlonas con los hombres que viajan con el niño rubio cuya inmensa diversión en esas precisas circunstancias consiste en hacer correr libremente su autito de juguete sobre los asientos y el reborde posterior del Taunus, o atreverse y avanzar todavía un poco más, puesto que no parece que los autos de adelante vayan a reanudar la marcha, y contemplar con alguna lástima al matrimonio de ancianos en el ID Citroën que parece una gigantesca bañadera violeta donde sobrenadan los dos viejitos, él descansando los antebrazos en el volante con un aire de paciente fatiga, ella mordisqueando una manzana con más aplicación que ganas."

Nosotros, los mortales, estamos la mayoría de las veces confinados a terrenos menos anegadizos...

En conclusión, el lector (especialmente si lee online, pero también cuando lee en salas de espera, trenes, etc. o casi siempre, bah) es un pajarito impaciente, pronto a saltar a otra rama si percibe que estamos siendo torpes o desconsiderados. Acumular oraciones largas y sinuosas es invitar problemas.

La opción: escribí oraciones cristalinas y cortas o sé un genio (como Cortazar). Tres oraciones breves bien coordinadas son preferibles a un mastodonte lleno de tentáculos (salvo que el mastodonte este bajo tu férreo control). Divide y conquistarás (al lector) aunque respetando tu voz. Editá tu texto (es decir tachá, reescribí) para que gane claridad sabiendo que eso no significa apuñalar el cuerpo vivo de lo que escribiste. Podés ganar simplicidad sin sacrificar melodía y color. Y si te sentís con cancha como para explorar las idas y vueltas de las oraciones ciempiés, los remolinos sulfurosos de largas oraciones incadescentes, dale nomás: tus lectores apreciarán tu temeridad si los agarrás fuerte de la mano y los guiás.

Eso sí, que no te tiemble el pulso.

Xtian, a las 11:33 AM | Enlace permanente | Comentarios (11) | TrackBack